Café Don ‘Chucho’, desde Fredonia, Antioquia

Las fotos de plantas de café o de tazas servidas no tienen fragancia ni aroma si no hay detrás de ellas alguna historia humana, por pequeña que sea; si no conocemos que detrás de ellas hay historias de vidas humanas que sudaron para que ese grano fortaleciera sus caramelos tostados. Una taza de café sabe mejor si reconocemos las sonrisas que hay detrás de ella. Me encuentro en el silencio de mi apartamento dictándole a mi lápiz los aromas de mi última visita al calor de buena taza con grano de Fredonia; su perfil es fuerte y me satisface en boca y unos leves frutales me conversan al fondo. Horas antes, un señor bronceado por el sol de Fredonia nos esperaba y recibía a Diana, mi esposa; a Jacobo, mi hijo y a mí; se trataba de una invitación a conocer una marca de café y otra historia de lucha económica.

Para el momento en que escribo y termino mi segunda taza de café, se me vienen a la mente las dos personas que le dan vida a mi crónica: Javier Pareja, titán de su cultivo; y don ‘Chucho’¨, el patriarca a quien se le hace honor. Javier, quijote de esta historia, quiso darle un mejor perfil al grano de su finca, haciéndole honor al prócer de su historia personal: Jesús Pareja ‘Don Chucho’, su padre y reconocido comerciante en el municipio de Fredonia, en Antioquia. Don ‘Chucho’, pues, es el sello que finaliza un largo proceso productivo con el cual nace una nueva marca. Hay que decir, desde ya, que Javier no tomó café en su vida y hasta hace cuatros años se aficionó a la bebida; y Don ‘Chucho’, quien tuvo la finca desde hace tantos años, solo vino a conocer hasta hace pocos días el sabor de su grano; hoy, ambos son felices con el sabor y el perfil de su grano en taza.

Javier es sencillo, es un hombre con tostión media alta en su piel, con sueños que ha ido materializando como el renuevo, desde hace ocho años, de su cultivo de café, en una finca que se negó a vender en tiempos de crisis; es el único entre sus diez hermanos que se dedicó al tema. Cuenta Javier que a la finca le iban a meter ganado, pero prefirió arrancar de raíz los viejos palos de 15 años y renovar paulatinamente un lote donde hoy tiene 30.000 palos que le brindan una cosecha casi todo el año, debido a las bondades climáticas de este municipio, condiciones, además, que hacen que esta tierra no tenga monocultivos y que por lo contrario, junto a los palos de Castillo, Bourbon y Caturra; crezcan lulos, piñas, aguacates, bananos y chirimoyas; enriqueciendo el perfil de su producto. Javier, también reconoce que dedicarse al tema cafetero es duro, que se trata del negocio de los arrodillados: “Para sembrar las plantas hay que hacerlo arrodillado, si tú lo siembras de pie no quedan bien; para cosechar el grano hay que arrodillársele a la gente para que vaya y desgajen los granos; y, por último, hay que arrodillársele a los agentes de venta o a las cooperativas para que lo paguen bien; así que, estamos permanentemente arrodillados”.

Don ‘Chucho’ y su descendencia, tienen una serie de negocios que lo hace reconocidos comerciantes; al asomarse al interior de sus empresas, entre ellas unos supermercados. Me pregunto por qué los habitantes y coterráneos, prefieren granos genéricos y vencidos importados de otros países, al producto de sus propias manos, de su tierra y de su sudor. Javier Pareja reconoce lo difícil que es vender café de su tierra y explica: “Es duro vender nuestro café, llevan más de 30 años tomando un café viejo y dañino, pero se trata de un sabor arraigado en la mente de muchas personas”. Ante esta problemática, Javier tiene varias ideas para promocionar el producto de su tierra y no solo su marca: un reinado de belleza por veredas para las Fiestas del Café, en diciembre, donde cada candidata diseñe un proyecto y recoja fondos para el mejoramiento de la infraestructura local y a quien gane se le construya el proyecto y concluye: “En las Fiestas del Café se toma todo el alcohol que quiera, pero ni se ve el café ni se muestran los productos de este grano, así que es un momento oportuno para motivar el consumo de nuestro producto de nuestra tierra”.

Esta vez no hubo sancochos en la finca, pues, el jolgorio alimenticio se dio en el casco urbano donde esta familia vive y trabaja; ya que Don ‘Chucho’ y su señora, más sus diez hijos y parientes son reconocidos comerciantes del sector Cuatro Esquinas y en el marco de la plaza de Fredonia; incluso el patriarca, protagonista de la etiqueta, trabaja tras el mostrador de su granero, donde se mantiene activo y a la orden de toda la comunidad urbana y rural del Municipio.

Cuando terminamos la visita, los anfitriones nos empacaron provisiones como madre que le empaca a su hijo en la partida hacia el ejército: gajos de un racimo de bananos, piña recién cortada, aguacates “comprados” del árbol y ají dulce de la mata. De esta familia nos trajimos su generosidad como la que tienen las bellas almas del campo: almas rurales henchidas de sencillez, humildad y generosidad. Me queda la pregunta de siempre ¿Por qué un municipio cafetero, se pierde de la oportunidad de tomar una taza con el sabor de su tierra, y de un grano que no pasa de seis meses de cosechado con menos de 15 días de tostado, para beber una infusión de grano viejo, avinagrado; al que hay que agregarle azúcar para poder enmascararle los desagradables sabores? ¿por qué no consumen su propio esfuerzo y se sienten dignificados?

Ahora sé que más gente puede reconocer por qué nos deleitamos en buscar y tomar tazas de café permeadas de historias vivas y humanas; comienzan a entender que cuando sorbemos una cálida taza, estamos aplaudiendo el esfuerzo campesino para salir adelante y dignificar lo nuestro; a todos ustedes ¡Salud! Salud con café.

Para contacto:

Almácigo de café

Javier Pareja viene renovando, por lotes, el café de su finca; le permite tener cosecha casi todo el año.

Abono de tierra

Los desechos son aprovechados para generar abonos naturales que enriquezcan la tierra.

Palos de café arrancados de raíz

Javier Pareja, prefirió arrancar los viejos palos de su finca para ir renovando su cultivo con nuevas plantas.

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Una respuesta a Café Don ‘Chucho’, desde Fredonia, Antioquia

  1. Mónica Arcila dice:

    Carlos lograste una excelente crónica. En primera instancia felicito la labor y los esfuerzos de los caficultores del Café Don Chucho de Fredonia, Antioquia. Es admirable que cultiven café + frutales…una excelente alternativa. Trabajar y cultivar la tierra no es en vano…los frutos llegarán a su debido tiempo. Comparo la cosecha del café con la amistad. Un amigo se encuentra en la tierra… en la lluvia que humedece la tierra, en las hojas que deleitan la vista con sus tonos verdes, en sus frutos verdes y rojos maduros, en sus aromas que acompañan los momentos del proceso y en el sol caliente que acaricia a los cafetos. Los municipios o regiones cafeteras deben valorar a sus caficultores, sentir que son la esencia de la montaña. Sentir que gracias a ellos podemos disfrutar muchas tazas de café que nos deleitan los días amistosos y familiares de nuestras vidas. En todas las regiones cafeteras existen muchos tipos de café…tan solo basta encontrar nuestros preferidos, según el gusto que experimentemos con ellos. Creo que las Ferias Cafeteras son una buena opción para mercadear, hacer conocer y vender los productos. Así como existen ferias de libros, que promuevan también las ferias cafeteras, para que el conocimiento del café se aumente y las ventas aumenten naturalmente y eficazmente

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