Una suposición

Suponga que está en un restaurante (no debe ser el mejor y ojalá no lo sea) y que la comida ha terminado o que apenas va a comenzar; el barista del restaurante (ojalá los restaurantes contrataran baristas) se acerca a la mesa y trae consigo una bolsa de café; con la mano izquierda atrás se inclina y le ofrece un origen específico como café de la casa, detallando el tipo de beneficio y la fecha de tostión. Imagine que usted acepta la oferta de la casa y el barista, herramienta en mano, “descorcha” la bolsa y le permite aspirar la fragancia de su interior: grano tostado con caramelos al fuego, olor a campo en sus primeras horas y a frutales en el fondo.

Imagínese que muelen, delante de usted y con herramienta artesanal, la porción que está por consumir. Hágase la imagen de un método que le permita ver los pasos en la elaboración de dicha taza; aspire ahora los humos de la infusión y sienta el aroma de un café bautizado en un agua bien tratada. Observe ahora cómo el barista sirve un primer trago de bebida a una temperatura cálida para esperar su aprobación. Mírese aspirando el aroma y tomando este primer trago, jugando con él en la boca e ingiriendo este origen. Detalle al barista cuando usted le aprueba el anticipo de una preparación con sabores de panela y a una flor desconocida. Espere a que el especialista llene su taza y prosiga con la conversación, para bien, interrumpida.

Suponga que el restaurante hace esto cada vez que alguien pide un espresso u otra taza de café. Imagine a este restaurante adquiriendo la mejor materia prima para preparar una bebida exquisita hecha con excelencia y por un profesional formado para extraer lo mejor de un grano con mucho recorrido, y que a usted no le molesta que se la carguen a la cuenta.

Suponga que de ahora en adelante los restaurantes no comprarán un grano viejo y sin sabor o con sabor a aserrín, solo por ser más barato para no ser una carga económica para la empresa al servirlo gratuito. Imagínese a este restaurante invirtiendo un poco más de dinero en un buen café y a usted y los demás comensales viviendo una mejor experiencia y terminando un momento tan especial que siempre será un placer ir allí a repetir.

Suponga que Colombia o su ciudad no vuelve a preparar tazas pésimas de café; que usted endulza, si así lo quiere, con panela o con miel natural. Suponga que todos somos mejores consumidores de café… ¡Supongamos!

(Ponga usted la foto, su-póngala)

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7 respuestas a Una suposición

  1. JJ dice:

    Donde? Yo quiero!
    Carlos, esta iniciativa sería maravillosa, como llevarla a cabo? Cómo enamorar a los Colombianos de uno de sus principales orgullos, hagamoslo realidad.

    Supongo que se puede hacer.

  2. Mónica Arcila dice:

    Carlos: qué buena suposición e imaginación semejante al ideal referente al café, su preparación y servicio. Soñar no cuesta nada. Es muy subliminal tu visión sobre el café. Desafortunadamente no todos los restaurantes tienen baristas profesionales. Cada uno de nosotros, los amantes del café, deberíamos comenzar por aprender, conocer, preparar nuestro café en casa y no esperar que en un restaurante nos lo preparen quizás no adecuadamente o tal vez con un costo exorbitante de mala calidad. Invito a los lectores del blog Café Contigo a que comiencen a preparar sus propias bebidas y disfrutar paso a paso su aroma, su sabor, su ceremonia. Así como existe la ceremonia de preparación del té, animémonos con la ceremonia del café. No esperemos a que nos lo preparen, tomemos la iniciativa y aprendamos a prepararlo. Tal vez nos llevemos una sorpresa…que rico que nos quedó. Investiguemos diferentes recetas, si no tenemos un libro de recetas de café, en internet las encontramos. Brindo por la iniciativa en nuestras vidas.

  3. Roberto Uribe dice:

    Carlos: que molino de café me recomiendas? He encontrado Black&Decker, Kitchen Aid y Cuisinart

  4. Leonardo dice:

    Supongamos también que somos parte del aprendizaje, que no tenemos la última palabra en un mundo tan extenso y con conocimiento por descubrir. Porque hace igual de daño quien cree tener la razón y tener la verdad revelada y quien ofrezca un café de mala calidad. Supongamos que el café nos lleva a nuestros recuerdos más preciados de nuestra infancia, que los aromas encontrados nos transporten a lugares que hemos estado y que una taza de café nos libere del estrés y el agotamiento de una jornada al generar una sensación diferente del mundo moderno. Supongamos que tenemos una experiencia y nos enamoremos del café de alta calidad y del aprendizaje.

  5. Luz Teresita Londoño M. dice:

    supongamos esto se diera así como lo ha planteado, sería maravilloso , tendríamos que empezar a prepararnos, para poder saborear un muy buen café,sentir el aroma, sabores, guiados por un buen barista, creo que iríamos aprendiendo hasta convertirnos en buenos conocedores y tomarnos acá un muy buen café, supongamos esto se diera en un futuro, no solo en nuestra ciudad sino en otras,seria algo “delicioso”, y los turistas, también lo conocieran esto gustaría mucho y pasaríamos no solo a ser productores, sino consumidores y preparadores del mejor café del mundo,claro estamos en la suposición,será esto se dará, supongamos, visionarios hay mucho, esperar

  6. Manuel Chavarria dice:

    Me parecen muy pertinentes estas suposiciones y esta escena ideal, que mejor que cerrar un buen almuerzo con excelente cafe y un poco mas de informacion y conocimiento sobre un producto que nos ha marcado como pueblo y forjado nuestro desarrollo como sociedad y cultura diferenciada del resto del mundo. Esta labor deberia haberse realizado desde hace muchos años en nuestro pais, pero no es momento de llorar sobre el tinto derramado, aprevechemos este momento de nuevo furor cafetero y reconciliemonos con nuestra tradicion haciendo crecer este sector desde la calidad y buen servicio. No solo los coffee shops son los encargados de llevar el cafe al lugar que le corresponde, los restaurantes no deberian dañar su buena comida con un mal cafe, solo por que generalmente es de cortesia, aca lo cortes no debe quitar la calidad.

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