…de cuando uno no acepta un café…

Algunos le llaman obsesión; pero podríamos llamarle amor propio por la salud del cuerpo humano y el disfrute de los sentidos. Tomar una exquisita taza de café es un acercamiento estético a la naturaleza misma y al trabajo del hombre. Beber una excelente taza de café bien preparada es la acción del respeto por el cuerpo y una valoración por el esfuerzo humano. “No hay nada mejor para el hombre que comer y beber y decirse que su trabajo es bueno. Yo he visto que también esto es de la mano de Dios“. Eclesiastés 2:24.

Ya es conocido mi gesto, cuando en reuniones de oficina, no tengo nada qué pedir: agua, aromática o café; no hacen parte de mis acompañantes en reuniones de trabajo. Los tanques con alta sedimentación y poco mantenimiento están haciendo que los esfuerzos por una buena agua se pierdan. Las aromáticas las prefiero como las que prepara mi abuela: amargas y en infusión, hechas en casa de manera artesanal. ¿El café? Se trata de una bebida que reposada con varias horas de calentamiento en un sistema de percolado (grecas) que va produciendo una espesa y quemada bebida.

Quienes no tienen reparo en tomar una taza de estas, servida en pocillos despicados, vasos desechables o de papel encerado; toman de manera mecánica lo que debería ser un deleite, y lo hacen como respuesta a los buenos modales de protocolo. Quienes toman dichas bebidas despiertan, efectivamente, no tanto por la cafeína, que preparada en sistema de percolado y calentada por horas extrae una mayor cantidad de este estimulante; quienes toman, decía, despiertan por el intenso sabor amargo enmascarado con azúcares y por la extracción de componentes que no deberían ir a la taza.

A esta altura del tercer párrafo, puede que algunos lectores estén pensando abandonar el texto en desarrollo porque asoman destellos de arrogancia y pedancia; pero no renuncie tan rápido a la reflexión que vengo proponiendo con este blog. Quédese, y nos daremos cuenta que nuestras costumbres de consumo deben mejorar para que los productores se exijan para servirnos una mejor taza y, en ese momento, pagar mejor precio por ellla.

Decía más arriba que mi gesto negativo se está haciendo conocido en oficinas, pues, prefiero aguantar hasta el fin de la reunión para buscar una buena taza de café. He aquí otro problema: tener que BUSCAR un lugar donde la preparen, cuando deberían estar en cada lado al que miremos, cuando deberían permearnos con sus fragancias en cada esquina. Con razón escucho tantas quejas de extranjeros que se estrellan con la idea de que en Colombia, el buen café se encuentra en cada paso que den.

Prefiero, entonces, la grosería de decir: “No ¡gracias!”. Y es que, déjenme decirles, una vez probamos el verdadero café, una vez nos deleitamos con una correcta preparación; ya no somos capaces de volver atrás, y eso, insisto, nos es arrogancia, es ser consecuente con el sueño colombiano de tener una excelente taza de nuestro producto nacional.

Permítanme decirles que, nosotros los consumidores, no hemos hecho la tarea de exigir un mejor café y pagar lo justo por él; nos conformamos con insípidas infusiones, con descarados bebedizos vendidos a $300 pesos colombianos en el centro de nuestra ciuad; nos conformamos con disfrazar molestos sabores con azúcar.

Algunos dirán “¡Ah, no mijo, a usted tan complicado ya no se le puede invitar a café!”; pero prefiero ser maleducado por unos minutos y ganarme un nuevo consumidor una vez escuche mi alfabetización. No refunfuñe contra mí, mejor, déjese invitar a una buena taza de café.

Vamos preparando un encuentro para tomarnos una buena taza ¿qué dicen?

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5 respuestas a …de cuando uno no acepta un café…

  1. Andrés Ruiz dice:

    La semana pasada tenia programada una reunión de toda la mañana en el SENA, para evitar los inconvenientes que Carlos plantea me lleve un termo lleno de café preparado en mi casa. Cuando llego el momento del ofrecimiento, la empleado, muy atenta y servicial, con una bella sonrisa ofreció las tres bebidas disponibles (tinto, aromática o agua); que pena despreciarla. Los presentes manifestaron sus deseos; en mi caso y con una vergüenza de pasar por grosero, pedí una taza vacía, pues ya tenia calculado el cafecito que me iba a ir tomando durante la mañana y que traía en mi bolso.

  2. sandra dice:

    Totalmente identificada con tu tema, desde que me acuerdo en la universidad por la necesidad de no quedarnos dormidos estudiando en las tardes comprabamos el dichoso tinto de la cafetería y desde ese entonces ya sabíamos que era malo (lo llamabamos el agua de batería) pero no teníamos otra opción. Hoy cuando considero que mi gusto por el café ha mejorado bastante, definitivamente no acepto cualquier café aguado o recalentado, y es triste porque en este país cafetero no encuentras un buen café fácilmente, incluso te venden capuchino hecho de polvo soluble, pero sigo con la esperanza de empecemos a exigir calidad.

  3. JJ dice:

    Completamente de acuerdo, en las reuniones les digo a las señoras que se sienten orgullosas de entregarnos su trabajo, mil gracias no tomo café por qué me despierto, y realmente no es por la calidad sino por el percolado, el cual yo llamo juagadura de trapo con café, otra situación es que me he dado a la tarea de pedir expresso en los restaurantes que frecuento y me ha dejado muy triste el de un restaurante de tradición y alto estatus, ubicado en la avenida las palmas al frente de un hotel, el cual sirve una tasa de expresso bien hecho, en su proceso, pero con café de baja calidad, café con una gran porción de pasilla y poco de calidad.

    Carlos, gracias por despertar ese orgullo de tener un producto de alta calidad y enseñarnos a exigir que crezca la cultura que hemos perdido o que en muchos casos no tenemos.

  4. Andrés Zuleta dice:

    Igual que los otros lectores, también estoy de acuerdo con lo que plantea el artículo, deberíamos procurar por que el nivel de calidad del café que tomamos en nuestra ciudad, nuestro país, mejore y corresponda con la realidad del producto patrio.

    Me alcancé a animar con la última frase… De concluirse la propuesta, no me gustaría perdérmela.

    Un saludo.

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