Los aromas de la infancia

A ‘Pinocho’, le llega una frangancia poco desconocida, es decir, le llegan unas moléculas con información de un secado en proceso; a Pinocho, le llegan los aromas del pergamino que seca en su finca; porque también es su finca, pues, él recibe al peregrino, vigila en la noche, alerta al descuidado, habita su espacio.

‘Pinocho’, cierra sus ojos y apunta con su hocico hacia el viento, como quien se concentra en capturar la esencia de una fragancia viajera. Mírelo bien, detenga su lectura, mire la foto de nuevo y ciérrelos usted, amable lector. Trate de capturar en el aire, el aroma de un recuerdo de la infancia, un recuerdo de olor, una esencia de la memoria olfativa. ¿A qué le olió? ¿Me cuenta? ¿Nos cuenta?

Cuando vi la secadora de pergamino, cedí a la tentación y me acerqué, corrí la bolsa que la encierra y metí una parte de mi rostro, nariz y boca, y aspiré en repetidas oportunidades, bocanadas del aroma que adentro se cocinaba: un dulzor suave, suavecito, como de almendra semihúmeda permeada por una panela para nada empalagosa, un aroma a esterilla, a hoja seca de hiraca pero dulce, un cisco, un pergamino que cubre la almendra verde del café y la viste antes de su trilla.

Más importante que el relato de esta percepción, serían los recuerdos que suceden en sus mentes, en este momento, memorias que quisiera que ustedes compartieras, así fuera una sola palabra…

Trate de capturar en el aire, el aroma de un recuerdo de la infancia, un recuerdo de olor, una esencia de la memoria olfativa. ¿A qué le olió? ¿Me cuenta? ¿Nos cuenta? No tiene que ser una fragancia cafetera.

Esta entrada fue publicada en aaa_CAFÉ. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Los aromas de la infancia

  1. Alberto Mejía Vélez dice:

    Cómo están de ‘cuca’ los escritos. En la escuela habían expertos ‘cariadores’, para que uno se reventara la nariz con el compañerito, al salir al recreo. Creía que eso se ya era pasado de moda. Pero no. Incitan al recuerdo de olores del pasado. Aquello de llegar de la escuela con hambre de muchacho, tocar la puerta, salir una madre a recibirnos, aliviarnos del peso de una maleta llena de cuadernos, colores y la religión del Padre Astete que pesaba más que una victoria debajo del brazo y sentir que desde adentro, desde allá de la cocina, se adentraba por las fosas nasales ese condenado olor de ‘sudao’ con posta rellena, lleno de condimentos naturales, es de nunca olvidar.

  2. Mónica Arcila dice:

    Me encanta el olor de los granos de café recién molidos y del aroma de un café caliente. Toda está en las manos del que lo prepara. Todas las manos son únicas.
    Es el amor, el conocimiento y el cuidado que le pongamos a las cosas.
    Recuerdos de mi infancia… los olores a chicle, algodón de azúcar, chocolate, chocolatina, confites duros, helado, malteada, flores del jardín, jugo de guayaba, familia, torta de cumpleaños, inocencia, juego, tristeza, llanto, risas, sonrisas y carcajadas. Algunas pequeñas frustraciones que aprendí a tolerar y superar.
    Ya soy adulto joven y sé que la niña que era hace mucho tiempo, todavía permanece
    en mi espíritu creativo, sorprendiéndome cada vez más con la belleza de la vida y del amor. Me encanta escribir.

  3. Andrés Felipe Ruiz dice:

    Hace un tiempo llego un café pergamino al laboratorio, al abrir la bolsa senti ese olor, el olor a la bodega del caiman; la finca donde pasaba parte de mis vacaciones de niño de llamaba “el Caiman”, finca cafetera en Ciudad Bolivar, vereda la Arboleda.
    Debido a mi trabajo semanalmente llega café pergamino al laboratorio, pero no todos huelen igual, ese día, ese olor, ese momento. Algo indescriptible me llevo años atras; se revolvieron mis entrañas y me dieron ganas de llorar, habia emoción, alegria, tristeza, recuerdos y anhelos de que alguien que influencio mi pasión por el café; como quisiera que hoy pudiera ver que su trabajo, su esfuerzo, su ejemplo y su dedicación hoy se mantienen; se mantienen a través de su sobrino, de otra forma, con otro trabajo, no llenando el camión con aquellos bultos de pergamino para llevarlos al pueblo y con la esperanza de recoger los frutos de todo un año, pero si ayudando a muchos que como el vivian del café.
    Ese olor a pergamino me acordo de mi tio Diego, de la finca donde el vivia, de las vacaciones únicas en su casa, me acorde y entendí porque amo este bendito producto.

    Hoy no me puede ver, hoy no me puede escuchar, pero mi trabajo por el café y los cafeteros tienen una gran raíz en él: Diego Márquez Vélez, ese olor que me llevó a la finca me acordo de él.

  4. Yamid Gòmez dice:

    Recuerdo el patio de la finca de la abuela repleto de gallinas en el que nos construyeron un machacalengue(sube y baja) y jugabamos con mis amigos de infancia y en el corredor el pilòn de piedra regalo de mi abuelo el dìa del matrimonio con mi abuela en el que se pilaba constantemente maìz para hacer la mazamorra y cafè para preparar el tinto asì como el olor del cacao tostado para hacer un chocolate y a una parte que separaban y la mezclaban con panela para elaborar chocolatina que la llamabamos(bobo). Asì como las recuas de las mulas acompañadas por un par de arrieros entre hijueputazos y arres las guiaban hasta el pueblo esas que pasaban varias veces al dìa de una finca vecina trasnportando productos como el cafè, el cacao y la panela esta ùltima envuelta en hojas secas de plàtano y ese olor de la molienda en el trapiche y de los plàtanos maduros que la abuela me asaba en brasas y me los servia acompañado de un gran aguacate maduro para luego continuar jugando claramente recuerdo que dejaba de lado los carros que compraban en almacenes para hacer con mis manos mi propio juguete un super vehìculo con latas de sardinas y pedazos de cabuya los cuales arrastraba con felicidad

  5. Jesús Antonio Báez Anaya dice:

    Claro que recordé el olor a café secándose al sol. Y el que llenaba la estancia en el que se guardaba después de dar punto. Era en mis tierras rionegranas de Santander, en esa finca “Valparaíso” que sirvió para vivir y para encontrar el sustento y poder estudiar en Bucaramanga. Y con esos aromas se abrazan también los de la candela de leña que asaban en las mañanas las arepas de pela´o que vienen premiadas con pedacitos de chicharrón; encima de la misma candela hervía el caldo de papa con huevitos cuajados nadando entre sus burbujas. Y en la brisa mañanera bajaba el olor a montaña verde, que traía perfumes de topacios y de helechos, de cedros carmines y de musgo…. y los recostaba contra las guaduas que se mecían cerca de la quebrada, haciéndole señas de adioses a las horas… Claro que en los recuerdos hay aromas de nuestros campos colombianos…!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>