Inocencio, un muleto cafetero

El campo cafetero se llena de sonidos que la ciudad extraña: canta un gallo en horarios irregulares para el forastero, pájaros cantan “bíchiros” y otros sonidos que es difícil llevar a letras, tres perros ladran en juego cerrado y un cuarto a lo lejos pide silencio, una yegua patea su encierro y el viento canta lo suyo al pasar por guaduas vivas. Todo transcurre así en el Edén corrompido.

Pero este Edén de los siete días aún transcurre en la viña: la creación sigue activa y haciendo lo suyo; nuevos integrantes de la familia vienen y se van, se reciclan en la tierra y se hacen palo de mango, flor o pepa de café. Hace pocos días, 22, nació Inocencio, muleto brioso que vino para hacer lo suyo con orgullo animal.

Decir que es un mulo es honor en la comarca, pero decir mula en otros contextos es un descontento. Habrá que resarcirnos con estos híbridos de hacer mal uso de su nombre; que ni mula ni burro es sinónimo apropiado para acercarnos a la ignorancia o a la terquedad de la mente. Inocencio tendrá el honor de emular a Conchita, la famosa, la triunfante y viajera; pero en tierras locales, sin viajes largos en primera clase.

Así que, Inocencio, haz lo tuyo; carga en tu lomo los sudores campesinos de costales y humanidades fuertes; camina las veredas del sabor y haznos el honor de acercarnos la valiosa pepa que una vez tostada y molida nos hace conversar, de ti, de tíos y abuelos, de ánimas y espantos, de recuerdos olorosos, de vida y de muerte. Inocencio, a algunos de tus semejantes les tocó cargar polines, piedras y ladrillos; a ti te tocó el café.

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2 respuestas a Inocencio, un muleto cafetero

  1. Juan David Ordoñez dice:

    Hermoso Inocencio de Miguel y Sofia, un regalo del abuelo para sus primeros nietos a quienes, seguramente, enseñara a amar el café.

    • José Fernando Montoya Ortega dice:

      Juan David

      Cordial saludo

      La vida se renueva en las criaturas que llegan portadoras de esperanza y alegrías, así, para mi existencia, serán Miguel y Sofía, bendición que por medio de ustedes paulatinamente se acercan a nuestro lar.

      José Fernando

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