De cuando recogemos la “basura”…

Así que, cuando barremos, nos estamos barriendo a nosotros mismos. Cada lanzada de la escoba empuja cuarenta y ocho pelos de mi cabeza y setenta y dos vellos del resto de mi cuerpo; sigo lanzando la escoba sin que se vaya de mis manos y empujo lo que son partes de mi brazo, de mi pierna, de mi rostro. ¡Horror! mi rostro se desvanece cada día en caspa que barro y trapeo diariamente. Cuando hago el ejercicio, entonces, de recoger la “basura”, lo que hago es reclamarle mis restos al piso, para depositarlos en la urna dispuesta, basurera que me confundirá con ripio de café, cáscara de plátano y demás “desperdicio”.

Hay ocasiones en que no meto la escoba bajo la cama que descansa mi cuerpo y me siento aliviado de saber que aún hay una parte de mi allí abajo, hecha pelo y célula muertas; me ayuda a no desconfigurarme del todo y a tener la esperanza de que no me desvaneceré totalmente. pero hay que hacerlo, hay que barrer y darle dos y tres pasadas con la trapeadora porque es perentorio, además, qué pena con las visitas, no siempre es creíble aquello que decimos cuando llega una: “Ahí perdonan el desorden, pero esta mañana salimos carreriados y ni tuvimos tiempo de arreglar”, mentira esta harto conocida en hogares de vida común y para nada minimalista.

En fin, toca recogerme cada vez que barro; recogerme y a mi esposa, a mi hijo y a los que visitan; a los vecinos que se cuelan por debajo de la puerta principal. Es que no solo cuando ponen la cruz de ceniza es que debemos recordar que al polvo volveremos. Yo volveré a la tierra de capote; a la negra, que hace pelechar tan bien a las matas. Mientras tanto, el carro recolector de basuras y caspa humana, vendrá los martes o los lunes o los sábados, pitará o hará sonar la campana para recordarnos que se llevarán una parte de nosotros. Muerte lenta esta.

Esta entrada fue publicada en Cuentos corticos. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a De cuando recogemos la “basura”…

  1. Alberto Mejía Vélez dice:

    El machismo en mi tiempo cuando los maridos eran ayudadores, les decían: “oprimidos”; hoy somos ‘ingenieros del aseo’ y Carlos le agregó la de contador público. Eso de ir barriendo y contando los pelos tiene su carajada. Mantener el hogar limpio, es una acción gratificante, es como acariciar los cabellos de un hijo pequeño, cuando se encuentra dormido soñando con ángeles, que surcan el espacio invisible y solo él ve, pues aún no ha tenido tiempo de pecar.

    Las jovencitas de hoy, se enojan cuando las mandan a barrer, por eso, toman las de villa diego; se colocan en un almacén y no sólo lo hacen, sino, que limpian hasta el retrete. Claro, ¡Ya están liberadas! A todo esto, que bueno fuera encontrar una escoba que barriera las minas criminales, regadas por los campos esperando destrozar y a la vez, limpiara las conciencias. ¿Será mucho pedir?

  2. llanerisismo dice:

    Que bueno! se me ocurrio una historia y todo. Espero que la pueda concretar y te la pueda mostrar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>