De algunos móviles y colgandejos

No solo la cuna del recién nacido es adornada por inquietos móviles que, además, arrullan a quien reposa entre el mameluco para poder que los padres hagan sus quehaceres o se desatracen de sueños debidos.  En carros y tiendas se cuelgan malabares y productos que esperan por cliente que los haga descolgar. Algunos, reposan engarsados en algún garabato viejo, precisando que garabato es la rama bien escogida que sirve, con su garfio natural, para colgar cantinas de leche, chorizos que se curan al son de moscos que vuelan, etcétera.

En tiendas, cuelgan móviles, chorizos como ya se dijo, salchichones empezados, pacas de pañales, y cuanta chuchería esté en promoción; o así lo creen los clientes que de promociones nada existe y gratis no dan nada. Algunas tiendas, como la de la imagen, cuelga segundas, patines que llevan sobre sí el testimonio de raspones y caídas y sangres donadas al polvo de donde fuimos tomados. Cuelga, además, ese viejo molino de madrugadas frías haciendo frecuencias iguales para moler el grano cocido de maíz trillado.

En fin, no solo angelitos, matachos o pequeños astros son los móviles que se ven a diario, faltó, también, el zapatico blanco de charol del bautizo del primogénito bajo el retrovisor del Dodge Dart, pero eso quedará para otra entrada.

Esta entrada fue publicada en Vitrinas. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a De algunos móviles y colgandejos

  1. Alberto Mejía Vélez dice:

    Me encantó el escrito y sobre todo cuando llega a la parte del garabato. De inmediato se vino a la memoria aquellos tiempos del jabón de tierra, el carbón de leña o piedra, los pañolones con flecos, las gallinas alimentadas con sobrados; las paperas, los purgantes de quenopodio, las radio novelas con Marina Uguety, las revistas del Fantasma y su eterna enamorada Diana o don Pancho y Ramona, Benitín y Eneas en las tiras cómicas del COLOMBIANO.
    En el garabato que estaba amarrado en una esquina de la cocina ennegrecida por el humo, colgaban las más suculentas carnes de puerco bajero y de novillo Cebú traído de las fincas ganadera de la costa atlántica; se encaramaban en ese lugar, para evitar que los gatos hicieran su agosto o las ratas se sentaran a deleitarse en un festín cuando la madre cansada, de poner cuidado a sus 15 hijos, apagara la vela de sebo, para conciliar el sueño, sí el mocoso más chiquito, que estaba lleno de lombrices se lo permitía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>