El Bobo del pueblo

Muchos seres que la madre naturaleza no los hizo galanes de la pantallala, se quedaron para siempre acomodados en el recuerdo de quienes andamos encaramados en los pisos de arriba de la existencia. A muchos los llaman el “Bobo del pueblo”, aunque yo no lo creo mucho.

Nacieron para granjearse el cariño de niños, jóvenes y adultos, siempre dispuestos a hacer el “mandado” a la tienda de la esquina, a la botica; prestos a reclamar, en el despacho parroquial, la partida de bautismo de la “muchareja” que se va a casar.

Los hay artistas: tocan dulzaina, interpretan canciones con una hoja de limón, bailan en las cantinas al compás del traganíquel; fieles: detrás del cura para todos lados: peligrosos: que cuentan a las esposas en que andan sus maridos.

José ‘Gondo’, con sombrero en forma de hongo, camisa blanca y una manga del pantalón remangada a media pierna, se quedó ocupando un lugar de privilegio en la anquilosada memoria con su dicho de presentación cuando, con una de sus manos, le tocaba el estómago al feligrés que salía de misa: “Está gondito busté el amigo”. Personajes que la ingratitud olvida.

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3 respuestas a El Bobo del pueblo

  1. Francisco Gomez-Paris (FrancoG.Paris) dice:

    Cuando el bobo del pueblo muere, el pueblo “muere” la gente lo llora y lo recuerda. Está comprobado.

    Saludos,

    Un abrazo Medellin

  2. Olga Nidia Molina Bedoya dice:

    Les comparto esta fábula alusiva al tema.

    LA FÁBULA DEL BOBO

    Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían
    con el Bobo del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al Bobo al bar. donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: Una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales. Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió: Lo sé, no soy tan Bobo , vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más monedas. Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
    La primera: Quien parece Bobo , no siempre lo es.
    La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos bobos de la historia?
    La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

    Pero la conclusión más interesante es: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

    “El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser Bobo … delante de un Bobo que aparenta ser inteligente”.

    “La vida no tiene sentido, hay que dárselo”

    Saludos,

    Olga Nidia

    • Alberto Mejia Vélez dice:

      Olga Nidia, que bonita fábula, aunque creo que no tiene nada de ficticio, es la “merita” verdad. El “bobo” vive del engrimiento de los que se creen inteligentes.

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