aeioú – ¿Cuándo aprendiste a leer?

Algunos leen bien; otros, de manera silábica, poniéndole acento a cada sílaba. Unos, leen mucho; otros, solo miran la tabla de la ruta del bus al trabajo. Algunos leen páginas piratas; otros, solo en papiro original; pero a muchos se les olvidó el esfuerzo que hubo mientras aprendían a unir grafemas y a entenderl el sentido de las sílabas resultantes: olvidaron cuando aprendieron a leer.

Aprendí a leer en kínder (lo único que uno estudiaba para entrar a primero) en los dos últimos meses, y comencé a escribir mis primeras palabras en lápiz rojo: puta, pipi, sin tilde esta última. Pero fue la profesora Fabiola Ávila quien le puso una buena metodología al asunto de aprender a leer. Aún recuerdo la historia de cada letra: “a”, la “a” tenía piernas y brazos, tenía cabello y otras adiciones; había ido a la guerra donde una bomba le cortó las piernas, otro accidente le cortó los brazos y por eso quedó como lo es ahora “a”, pero no de esta tipografía, sino parecida a la Avant Garde -bolita y palito-. Así comenzó todo hasta este punto en que usted lee mis líneas, pasando por el famoso canto infantil: “aeioú, las volales del Perú, más tonto eres tú”. (Perú solo tenía dos)

La Alegría de Leer, fue el libro guía de una generación; el mío fue Nacho Lee: Oso, Casa, Foca, Sol. Épocas en que se enseñaba a fumar: “Mi Papá fuma Pipa”, plasmábamos en las planas, y la señora del calendario de Pielrroja nos lo reforzaba.

No olvidemos, pues, algo tan desapercibido en nuestro estadio de la vida: saber leer. Por mi parte los invito a leer entre líneas, más allá.

Hoy, Nacho no solo lee, debe ser un profesional versado en las siguientes áreas:

  • Nacho Trina. (Twitea)
  • Nacho Digita.
  • Nacho Desfragmenta.
  • Nacho Bloguea.

Ayúdenme ustedes, por favor…

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3 respuestas a aeioú – ¿Cuándo aprendiste a leer?

  1. Tin Marín de do pingüe…
    Calero feliz caminaba y saltaba por el andén, de pronto con una escalera se topó y asustado la misma esquivó. Su madre le había enseñado que pasar por debajo de ella era de mal agüero.
    Piedad desde niña se dedicó a recoger cuanto cachivache encontraba en su camino. Ya anciana se convirtió en la mujer con el más grande y variado almacén en el que los artículos que vendía eran los más costosos por su antigüedad.
    Margarita siempre tan despistada salió de viaje sin previa revisión de su cacharrito. Cuando ya había recorrido la mitad de su largo recorrido se varó. ¡Claro! no se percató de al radiador de su carrito echarle agüita.
    Matilde desde niña se empeñó en lograr el sueño americano, empezó ahorrando con la plática que sus padres le daban para la merienda, y así poco a poco logró conseguir el dinero. Y llena de ilusiones llegó a suelo norteamericano. Pero en solo minutos se desmoronó. Solo hablaba español, olvidó el detalle de aprender inglés, y caro pagó las consecuencias por no ser bilingüe.
    Malena siempre soñó con ser madre, aunque muy adulta casó nunca sus esperanzas de arrullar a su pinta perdió, y a todos los métodos acudió hasta que por fin llegó la cigüeña.
    Juvenal un gomoso por los carros, en maravilloso mecánico se convirtió, montó su taller y muchos carros arregló. Pero cuando en el suyo se montó en apuros se vio. No le montó el cigüeñal.
    Marce compró la Barbie que desde niña soñó en su cama tener, pero por juguetona y elevada cuando con la muñeca jugaba no se percató de una alcantarilla que a su lado estaba, se resbaló y se le fue por el desagüe.
    Caleño. Joven amable y bonachón, fue exageradamente lisonjero y adulador, y aunque de muchas amistades de rodearse trató muy pocos amigos conservó por halagüeño.
    Costeño locuaz es Cornelio, de buena situación económica pero ventajoso a la hora de pagar las cuentas de parranda con sus amigos, poco a poco solo se quedó por ventajoso y pedigüeño.
    Ceferino desde niño tuvo un amor platónico, con tanta suerte que ya mayor conquistar logró, pero de muy uvita se las dio y en un descuido otro amigo la conquistó y bobo quedó como el pájaro pingüino.
    Humberto díscolo y juguetón, sin protección siempre el deporte practicó. Hasta que un día un amigo tremendo puñetazo le pegó y un ojo morado le dejaron; incapacitado quedó hasta que con pomadita se le quitó por lo bueno que resultó el ungüento.
    Tin Marín de do pingüe…

  2. Olga Nidia Molina dice:

    Yo aprendí a leer con la cartilla de Coquito.

    Nacho Lee, fue mi libro guía de Español en cuarto de primaria. Nos tocaba aprendernos de memoria muchas poesías, entre éllas Historia de una tórtola, de Epifanio Mejía.

    Ahora Nacho chatea

    Saludos,

    Olga Nidia

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