No es comida Kosher, es más, está prohibida en las comunidades judías. Para otros en cambio, este tipo de comida es el paraíso hecho substancia. Oreja y trompa de marrano, entrañas del cerdo hecho picadillo para rellenar sus tripas y una vez fritas en su misma manteca, se hace delicia en el buche de ajenos caminantes que pasan por la caseta de ventas.
Algunos le llamarían eficiencia a tal rendimiento del cuerpo del cerdo. “¡Todo sirve, todo se come!”, diría el señor aquel de panza llena que asoma por fuera de la camisa, palillo entre dientes, erupto fogoso, ajo en el ambiente. El comenzal de tremendas viandas se deleita en la grasa amortiguada por la arepa simple y absorbente, a menos que la misma esté ungida de mantequilla.
Foto tomada en La Ceja, oriente antioqueño.


No, no; esto sí es la tapa del congolo. Eso para los que pasamos del séptimo piso de la vida, es una tortura que los médicos apoyan. Tan malos ellos, que a escondidas se chupan hasta los dedos importándoles un bledo los tales triglicéridos, ni nada que se le parezca. Mis mejores sueños otoñales, Carlos, están engrasados hasta la médula por el “cabeza agachado” y todo su tripitorio y mis babas así lo corroboran.
La cultura gastronomica popular colombiana está arraigada a lo más profundo de nuestra salvaje tri etnia, carnívoros, herbívoros y acuíferos, pata de res, jeta, cuajo. libro, que por nada del mundo los islámicos o cualquiera que se precie de musulman, vegetariano se atrevería a poner un ojo encima de estos platillos tan exóticos como inpasables, pero, “on una buena hambre no hay mal pan”, diría mi abuela, a lo que debemos sentirnos orgullosos de que en Colombia SÍ comemos de todo …moriremos de todo menos de hambre..que viva la Pelanga, la fritanga, la chinchurria, la pola y todo lo que se vive en nuestra cultura gastronómica popular colombiana.