Archivo de abril, 2010



Día de la tierra

Jueves, abril 22nd, 2010

Coral-Morado450
El día de la tierra son todos los días, el día de la tierra es el día del agua, del aire, de los mares, de los ríos, de los animalitos y de las plantas por eso el día de la tierra son todos los días .querida tierra que te queden muchos días mas para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan seguir celebrando este día.
 
Caminante del viento II

La tormenta, “vamos a salir de esta”.

Lunes, abril 19th, 2010


Diana (el motor fuera de borda) había andado todos esos días de buen viento, sin renegar ni quejarse, dándonos tiempo a Franco y a mí (Juliana Franco Cabal) para leer, pensar y simplemente ver el mar y los pájaros que nos acompañaron todo el camino.

Esa tarde, cuando llegamos a las nubes negras el viento subió a 25 y 30 nudos, Franco tuvo que coger el timón, hizo un turno de 2 horas y después fue mi turno. La brisa subió a 39 nudos, y estábamos haciendo 9 nudos de velocidad, nunca en mi vida había estado en el timón con un viento así, me pareció una exageración.

Después se quedo en 30 nudos y pudimos poner a Diana otra vez, esa noche los ruidos fueron muy miedosos, el rugido de ese mar emberracado, los golpes de las olas pegando en el casco, parecía como si un bus que iba a mil nos hubiera acabado de estrellar, la proa en la caída de las olas. En cada golpe de esos yo estaba esperando a ver que se rompía y en qué momento se iba a llenar el barco de agua.

Esa noche yo no pude dormir, Franco me había dicho que le dolía el corazón, mientras el dormía un rato yo fui varias veces a su cuarto a ver si seguía respirando. Toda la noche estuve pegada del GPS, viendo que el rumbo estuviera bien y subiendo a cada rato a ver si todo estaba bien.

En la madrugada el viento subió a 43 nudos y tuvimos que salir a bajar la vela mayor, ya habíamos tratado de bajarla, pero uno de los sables no pasaba por el riel (bajar la vela con tanto viento no es fácil), pero en este momento había que bajarla como pudiéramos, pues el mástil tenía demasiada presión. La vela no enrollaba, pues el sable seguía sin pasar, yo estaba dándole al winche, ese es eléctrico, y exactamente lo que no quería que pasara, paso.

La cuerda con la que se enrolla la vela se rompió y se salió el resto de vela que había enrollada. Fue un desastre pues la vela estaba como loca con ese ventarrón, primero salí yo de la bañera (con el arnés obviamente, pues los 2 sabíamos que si nos caíamos en el agua nos íbamos a quedar, pues maniobrar el barco solo y en esas condiciones, con vientos de 35 nudos y con esas olas… que se montaban constantemente al velero hubiera sido casi imposible rescatar al otro), yo no pude amarrarla, pues cada pedazo de tela que alcanzaba a coger me lo arrancaba el viento de las manos.

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Seguir a Nueva Zelanda…

Martes, abril 6th, 2010
Juliana Franco Cabal

Juliana Franco Cabal

Decidimos que lo mejor era seguir hacia Nueva Zelanda, pues la temporada de ciclones estaba comenzando. La verdad es que yo no quería quedarme en un sitio en donde es mucho más frecuente que lleguen los ciclones y donde hablan francés, teníamos planeado ir a Nueva Caledonia, claro que es una lástima, porque es uno de los sitios favoritos en el mundo para el buceo.

Le hicimos unos arreglos al barco, al timón de viento al que bautizamos Diana, en honor a nuestra tripulante pasajera. Y esperamos a que los vientos bajaran un poquito, pues estaba soplando entre 25 y 30 nudos.

El sábado por la mañana antes de irnos fuimos a una especie de mercado feria, en donde nos comimos nuestro último plato en tierra y vimos un grupo de música tocando su música típica mientras un grupo de niñas y niños bailaba, es increíble cómo se mueven.

Finalmente nos despedimos de nuestros amigos Teau y Tere, con los que quedamos de encontrarnos en Nueva Zelanda,  fueron al muelle a despedirnos con un collar de flores para Franco y otro para mí, fue muy emocionante ese momento.
Salimos con vientos de 18 nudos, dispuestos a recorrer 1600 millas hasta Auckland, en Nueva Zelanda.

Era 5 de diciembre y nos preguntábamos si íbamos a pasar navidad en el mar, navegamos 2 días con buen viento, después una calma chicha que duro 4 días, en esos días vimos una cantidad imaginable de atunes saltando. Cerca y a lo lejos del velero, millones de galeones portugueses que iban empujados por la corriente, porque la especie de “vela” que tienen era totalmente inútil en ese momento.

Una de esas tardes vimos, creo que para Franco y para mí, el atardecer más bonito que hemos visto en la vida. El cielo estaba totalmente rojo, como si se estuviera incendiando, y el reflejo en el mar también lo hacía ver entre ese violeta indescriptible en que lo vemos la mayoría de los días, y un rojizo, simplemente increíble.

En esos días le dimos mucho con motor, pues cuando estábamos al garete, la corriente nos devolvía al este entre 1.5 y 2 millas cada hora. También pusimos a Bora Bora (el fuera de borda) y nos ayudo un poquito. El 12 de diciembre empezó a soplar constante y volvimos a poner a Diana, pues la habíamos quitado para poner a Bora Bora. Esa tarde vimos un grupo de ballenas jorobadas.

El día siguiente estaba soplando entre 15 y 20 nudos y estábamos haciendo 6 nudos, ¡que felicidad! Habíamos navegado 660 millas y todavía nos faltaban 1100, pero íbamos andando y eso era lo importante.

El azul violeta profundo de ese mar ese día, como tantos otros, se veía alucinante, esa es la única palabra que se me ocurre para describirlo, es un color que uno tiene que ver con sus propios ojos para creerlo y para sentirlo, pues a mí me llena el alma. Esa vez la brisa constante duro 3 días y el 16 de diciembre por la mañana se volvió a quedar. Esa mañana tuvimos atunes acompañándonos por varias horas, nadaban cerca al barco y vimos uno, al que le habían pegado un mordisco, después de 5 horas volvimos a ver el atún del mordisco. Esa tarde vimos un parche de nubes negras en el horizonte, exactamente hacia donde nosotros nos dirigíamos.



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