La cajita de 2 kilos

El abuelo se sienta todos los días al lado de la cajita donde está la abuela. Porque la muerte después de la muerte nos sigue dando lecciones: eso somos, al final. Un polvo granulado, sin forma, que se guarda en una bolsa. Ahí queda todo lo que se hizo y no. Lo que se dijo y no. Lo que faltó y no. Ahí queda todo el cariño, todos los abrazos, todas las historias. Todos los años. Mi abuela tenía 84 y ahora que me duele tanto, me parecen tan pocos. Hay viejitas más viejitas y más de allá que de acá, pero todavía no se van. Ella estaba viejita, pero no tan de allá y se fue. De esas cosas extrañas de la vida, que no se entienden. Unos se van antes y otros después y no hay una regla. Cuando mi papá se murió tenía 33. Cuando yo estaba pequeña 33 me parecían un montón. Ahora, que me faltan 7, 33 son nada. Un poquito de vida y no más.

El abuelo se sienta todos los días al lado de la abuela. Ayer se rió: había unas arepas al lado de la abuela. Porque, de todas maneras, la cotidianidad empieza otra vez a hacernos parte de ella. Aunque, en el fondo, nos siga doliendo como el primer día. Yo creo que el abuelo se sienta todos los días y le conversa. No sé que le conversa, pero tal vez es su manera de saber que no se ha ido del todo. La acompaña, ahora que ya es ese pedacito de acaso dos kilos. Tal vez es no creer en eso que firmaron hace 60 años: hasta que la muerte los separe. Cuál muerte, si ella sigue ahí y él al lado, con el pelo parado, pese a que ya no son del mismo material.

De pronto tiene la misma sensación que yo tengo desde hace horas: que esto es solo un sueño, que mañana nos vamos a levantar, la vamos a llamar, le diremos La bendición y ella, como siempre, contestará, Dios la bendiga. Entonces dirá que está bien, que hace calor, que ella bien, aliviada, que el abuelo con el dolor de rodillas de siempre y que ya, que cómo estoy yo. Luego me despierto y no. El sueño no se ha acabado, no me he imaginado todo esto. Es el otro día, de la vida real y la abuela está muerta. Es que es difícil doña Blanca, si la última vez que te vimos estabas con un poquito de mala memoria, pero nada más. Si limpiaste el piso como si tuvieras 15. Por eso es que la muerte es tan extraña: por lo repentina, por lo inexplicable. Por no avisar.

En fin. Todavía me duele pensar que ya no estás, que ahora tengo otro muerto para escribir. Aunque esta vez es distinto y duele distinto: a él lo tuve que inventar para recordarlo. A ti solo te tengo que recordar.

Ahora que te llevó la de negro, también he aprendido y entendido lo que había dicho tantas veces: que los muertos no duelen sino son de uno. Que hay gente que te quiere y que en las tristezas todas las palabras dicen algo, hasta los signos de puntuación. Que cada quien tiene su historia: no a todos les parece importante que se muera una abuelita. A algunos les parece insignificante. Que muchos no saben qué es y cuánto duele la muerte. Porque la muerte duele solo cuando lo toca a uno de frente.

Doña abuelita, que me perdonen los demás, pero yo te voy a escribir y a llorar, hasta que deje de ser una necesidad.

5 thoughts on “La cajita de 2 kilos

  1. Monica, tu abuelita, esa que escribes y que se te fue, es ahora la abuelita de todos… y de alguna manera nos duele su muerte. Un abrazo.

  2. Paulo Cesar Barbatti dice:

    Hola Mónica… Te confieso que nunca leí una tan perfecta y sensata definición acerca de la “muerte”.
    Has sido perfecta y emocionante en sus palabras, en donde expresas su ternura y cariño por la abuelita que si fue.
    Todo que ultimamente estás escribiendo acerca del tema, ha sido muy impactante y lleno de emoción…
    Un emocionado abrazo desde Brasil…
    Paulo…

  3. gloria cuellar dice:

    lindo lo que escribes.triste pero real te quiero muchisimo.gloriña

  4. Lina Marcela Giraldo dice:

    Yo tengo mi abuelita viva y espero sea por muchísimos años mas… La amo con todo mi corazón; ya que me crió desde que tenia 9 meses, ella es como mi mama, … Todo lo que escribes me hace pensar en cuando llegue ese día, ese día que no quiero que llegue jamas… Muchas gracias por compartir con todos nosotros la tristeza de haber perdido a tu abuelita… Un abrazo gigante…

  5. Dora Ines Restrepo Morales dice:

    Hola Moni me gusto la historia de Mariela porque cuenta la cotinialidad de la gente que muchas veces pasamos desapercibida sin pensar en las dificultades que se tiene para realizar dichas labores, para luego recorrer las calles y deleitarnos con su deliciosa mazamorra.Esta es la gente que merece que la conozcan.gracias

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