HE DICHO

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No quiere y no se merece ni un punto más. El calor quita todo. Hasta el aliento. Se lleva la sombra, porque el pavimento le quema. Se lleva las lágrimas, por la deshidratación. Y entonces, en esos días en que se corrobora la tesis de alguna cualquier persona, de que la felicidad es por segundos, uno no sabe de dónde pegarse para dibujar, aunque fuese, unas dos lágrimas. El calor, como diría mi amigo Santiago, es infame.

TIEMPO

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Tonterías

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Esa sensación de que el martes es domingo.

VERANO

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Se hunde en el calor de las cuatro paredes. Odia la cobija y la cama. Quisiera quedarse desnuda y tirarse sobre el suelo. Que la arrulle el frío momentáneo de la baldosa. Le puede más saberse conjugada con el polvo. Lo odia, incluso, y más cuando tiene la nariz tapada y un oído en el que alguna aguja le pincha constante. Odia el sudor, el calor, la falta de aire, la temperatura alta, el agua caliente. Se hunde en el calor, en el pensamiento constante de que tiene ganas de morir hasta mañana, sin alguna conexión posible con el mundo. En fin. Estupideces todas.

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Qué silencio tan minuscular, tan vacío, tan impreciso, tan poco inocuo. Un silencio que ni siquiera tiene ruido. Qué silencio hace en este blog. Un silencio tan… triste, por no ser grandilocuentes. Solo por ser sutiles.

CUANDO MUEREN LAS OVEJAS

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Cuando sueño, pierdo la cabeza. Siento que está en blanco, que se va de muerte, que no existe. Y, sin embargo, en las mañanas, cuando todavía peleo con la cobija, porque parezco una garrapata de ojos a medio abrir, tengo la sensación de que toda la noche, aún sin cabeza, sueño contigo.

INTERESANTE

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“Mientras expresa sólo estas pocas frases subjetivas, no puede ser llamado todavía un poeta, pero en cuanto sabe cómo apropiarse el mundo y expresarlo, es un poeta”. Eckermann.

“Mi sentimiento de la vida reposa sobre la firme convicción de que la soledad no es una experiencia rara y extraña, una singularidad que yo compartiría con un reducido número de seres aislados, sino la realidad ineluctable que está en el corazón mismo de la existencia humana”. Thomas Wolfe.

FOTOGRAFÍA

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Las fotos son un estado del tiempo en el que se congela el pasado, y son, a su vez, una manera de desafiarlo, de sacarle la lengua. Con ellas aparece todo lo anterior, y es difícil no pensar en la muerte, en su paso continuo por la vida. Tantas personas que ya se fueron, y tantas, que dejaron por ahí una que otra sonrisa, una que otra tristeza, una que otra vida. Luego, vuelve la realidad. En algún momento también seremos el segundo exacto de congelamiento, con la buena noticia, para las y los vanidosos, que a las fotos, la vejez no se los lleva por encima.

Cuando andaba chiquitolina y tenía el pelo rubio cenizo, le hice quitar a la madre las fotos de Eduardo de la pieza de huéspedes. La cosa es que, a veces, las fotos tienen vida, y se mueven. Es como si en lugar de un segundo se hubiesen congelado unos tres. Entonces veía como Eduardo me seguía con la mirada o incluso me alcanzaba a tocar con la mano. Perturbable para una niña de seis. Todavía. Punto aparte y si este párrafo quedó mal redactado, no me importa. No lo voy a volver a mirar. Es un recuerdo miedoso.

En fin. Las fotos contienen la historia de mi breve edad, de la larga edad, de una vida entera por vivir, como la canción aquella. Por fortuna, y perdonarán el final forzado de este texto que empezó con una frase para mi posteridad, a alguien, algún día, se le dio la fortuna de detener el tiempo. Qué después no digan que no es posible devolverse y mirar. Es más, hasta de re-vivir. Ahora, existe el photoshop.

PAN PETER

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Los nombres aparecen al revés. Primero, por lo general, nos preguntan por el apellido. ¿Su apellido? Quintero Restrepo. Y después, el nombre. Mónica. Y lo llaman por el apellido, muchas veces, como si viviéramos en un constante campo militar. ¿Quintero Restrepo? Sí, aquí estoy. Comprendemos, por supuesto. En las listas de clase, por ejemplo, ordenan por apellidos. Cuando estaba en la escuela, en los primeros años, era por el nombre. Era mejor, pensaba, porque la M siempre está más arriba que la Q. Y el cambio es sustancial. Había una compañera que si ordenaban la lista por el nombre quedaba de primera, y si lo hacían por el apellido, era la última. Eso depende. Si era para un confite era mejor el uno, pero si era para recitar la lección, el 30, por supuesto.

Nombrar por los apellidos es despectivo. Un espacio más grande entre quien llama y quien responde. Casi lo mismo que cuando alguien que por mucho tiempo te ha dicho Moni, Monita, Monique, Monik, Moni moni, Mon, Quinterito, Mona, y en fin, de repente, te dice, Mónica. Suena raro, no, rarísimo. Luego le miras, de frente, y haces una cara tipo ‘ouch’ y le preguntas, ¿te pasa algo? Sí, por lo general, pasa algo. Si es tu jefe, está enojado, hiciste algo mal, no le gustó eso o aquello, o están en desacuerdo. Si es el amigo, algo pasó, te está ‘odiando’ un poco o te va a reclamar por algo.  Si es la mamá, de seguro, hay un regaño. Y así, según la persona. El nombre y como lo digan y jueguen con él, trae consigo una carga emocional. No pequeña.

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DISERTACIÓN

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El amor, sí, es indefinible. A veces, y muy pocas, se deja coger por los laditos y lanzar conjeturas. Solo conjeturas. No es más. Él, es casi como la muerte. No se dejan investigar. Ésta fue una conversación con un amigo, gran amigo, un día cualquiera, por una pregunta sobre el amor. Me pareció que tiene cosas interesantes, y por eso, aquí va. Espero la terminen ustedes. 

Ella dice:

Bueno te dije que te iba a decir dos cosas. Dos. Como ando durmiendo mal, ando pensando mucho. Entonces me quedé en lo que hablábamos que día, de por qué a uno le gusta alguien, y no otro. Y uno podría decir que hay cosas chéveres de ese otro, pero tal vez no sabe exactamente qué. Supongo que hay algo físico, que hace que haya, mínimo, una fijación para mirar. Y lo demás, tal vez las feromonas que tienen química entre sí, como un rompecabezas donde las fichas casan. Y creo que uno no sabe qué le gusta del otro, porque ahí está la magia: en no poder describirlo y hacerlo objeto. Le gusta y ya, y piensa y ya, y escribe y ya, y funciona o no, y ya está. Nada más. Una vez Jero me preguntó, ¿y qué te gusta?, y yo le dije, no sé, tal vez que no le guste. Y así en sucesiva. Cosas del amor, concluí, casi como lo de la muerte. Si supiéramos su día, dejaría de valer la pena.

Gracias por dejarme disertar. 
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