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Desempolvando, La Ficción Sin Comentarios

Recordando cosas que escribí ya hace muchos días

INFIERNO

El calor es sólo un invento pasajero. La gente tarde o temprano va a venir, porque nadie se salva. Todos tienen algo que esconder. Los pecados se delatan sin preguntarles. Van llegando, aún sin llamarlos. Los castigos los inventan las conciencias. El infierno, al fin y al cabo, es la memoria, que hace de las suyas.


SIN ATAÚD

A veces cometo el error de escribir y pensar en el que lee. No. Perdónenme. Me interesan ustedes, pero mucho menos de lo que me interesa quedarme vacía, sin nada. Escribo por una necesidad, a veces absurda. Escribo para que cuando me lea, sienta una y otra vez, que estoy ahí. Escribo para mí, para que cuando me lea, las palabras sean tan ajenas, que no quiera corregir. Y escribo, porque me da la gana. Mejor, sólo porque puedo descubrir tantas cosas, como nada. Mejor, sólo porque puedo usar tantas letras, sin necesidad de pegarle a alguien. Entonces parezco libre. Entonces he muerto tantas veces, sin encerrarme en un ataud.

HORMIGAS

Todas suben en un muro interminable, y suben en una fila interminable, que no se mueve, que no camina, que cambia hormiga tras hormiga, como si se reemplazaran al instante. Y van y siguen yendo, y luego desaparecen, como magia, debe ser magia, tiene que ser magia. El muro interminable las desaparece.

MUERTE

Y ella dijo que se quería morir. Luego suspiró…

LAS HORAS

Desempolvando, La Ficción 3 Comentarios

Los minutos palpitan uno por uno en mi cabeza. Todo pasa tan rápido, se acerca tan rápido, seré un muerto tan rápido. Lo que he hecho va pasando por mi cabeza una y otra vez, dos y una más. Los recuerdos. Las tristezas. Las sonrisas. Extraño todo eso, y más. Nada de eso, y menos. Los ojos me arden, están cansados. Mis manos escriben, están cansadas. La vida sigue, está cansada. Es monótona. Incluso yo, sigo siendo la misma. No he podido abandonarme, ni siquiera por una milésima de segundo, aunque no soy la misma, aunque no soy nadie, aunque no soy nada. Respiro hondo. No es nada. Las horas pasan una tras otra y yo las sigo, aunque ellas tienen una pared infinita, y yo tengo una pared, que se acerca, aunque tenga veinte, aunque no conozca el día, ni la hora, ni nada. Puede ser mañana, o en quince, pero vendrá. He enterrado a muchos, mejor, a unos cuántos. No duelen. Ya no. Muchos me han enterrado. No duele. Ya no. Estoy vacía, sola. Duele. Todavía.