Fatherless

Hay una verdad irrefutable en mi vida: a mi papá lo mataron un 2 de Julio de 1988, en la tarde. Estaba en Riosucio, Caldas, conversando al frente de la Alcaldía con un amigo. Le dispararon a él, un hombre que pasó caminando. La bala fue directo a la cabeza, pasó por la frente y él, aunque alcanzó a poner la mano, no la detuvo. Otra bala cayó en la pierna de la señora que vendía dulces, que estaba en la misma esquina, muy al lado de mi papá y del señor con el que estaba conversando. La señora está bien, aunque no sé si después de 27 años todavía está viva, porque dicen, ya estaba viejita para ese entonces.

La historia la he repetido muchas, muchísimas veces. Me salva que mi versión no es siempre la misma. Salvo por eso de la muerte, los detalles han cambiado, como esa vez que puse al señor que lo mató en una moto, cuando pasó a pie, según me dijo mi mamá un tiempo después. No me preocupa. Es la versión de lo que me han contado y, por supuesto, de lo que me he imaginado. Es, sobre todo, entender que yo estaba pequeña para entender por qué a alguien se le ocurrió matar a mi papá. Todavía no lo entiendo, por supuesto, pero tengo la verdad irrefutable, incambiable, atormentable. El adjetivo me lo encontré en inglés: fatherless.

Repito la historia porque uno de mis métodos de aprendizaje es la repetición. Yo he aprendido de Eduardo repitiendo y he contado sobre Eduardo repitiendo. Sin embargo, la repetición no siempre funciona. En Colombia hemos repetido la violencia por años y años y años. Los mismos crímenes en diferentes modalidades, algunos más violentos que otros, pero crímenes al fin y al cabo. Gente que se ha ido con la guerra, gente que ha perdido a sus papás, a sus mamás, a sus hermanos, a sus hijos, a sus amigos. Víctimas, todas, que han sufrido por la guerra.

Yo no sé quién mató a Eduardo. Hay hipótesis, por supuesto, y una vez me interesaron. Quería saber si la guerrilla, el ejército o cualquier otro grupo. Quería saber, incluso, el por qué, porque las respuestas parecen aliviar lo irremediable. Aliviar, pasajeramente, porque los muertos no se remedian, no se alivian. Y esa es, otra vez, mi verdad. No importa quién mató a Eduardo, porque Eduardo está muerto ya. El quién no lo va revivir.

Tampoco sé cuál es la solución para la guerra, porque es un negocio difícil de negociar. Cuando estaba pequeña mi abuela me dijo un día que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Y ya he contado casi 30 años y, en cuentas alegres, Colombia lleva más de cien en la violencia con diferentes nombres. Creo, sin embargo, que seguirnos matando ya pasó ese dicho, y aunque parezca que el más lo resistimos, es mejor pensar que no hay pueblo que lo resista.

Saber cuántos actores armados puede ser una cifra interesante, pero ya no me interesa culpabilizar, separarlos, decir cuál es menos malo, cuál menos violento. No debería ser más una teoría de conjuntos. Entre todos ellos, unos contra otros, entre todos sus negocios e intereses, la guerra se ha ido yendo año tras año, atrocidad por atrocidad. La diferencia que encuentro es solo entre los que no están armados y las víctimas, las que han sabido qué es la guerra, no por la televisión, sino por lo que duele alguien o por lo que duele la vida misma entre la violencia.

Lo que me parece de la Paz, entre todas sus complicaciones, es que haya tantos que no la quieran. Tantos, incluso, que no saben qué es tener que inventar un papá o un hermano o un amigo o una casa, y que piden justicia y no impunidad, cuando, qué es la justicia y qué es la impunidad a estas alturas. Cien años de cárcel para el asesino de mi papá no lo va a resucitar. No lo han comprobado, por lo menos. Es más, a Eduardo no lo va a resucitar un país menos violento, pero la paz, palabra esa tan esquiva, va a traer menos gente inventando otra gente. Uno menos es siempre mejor que muchos más.

Feliz cumpleaños, papá

A veces me pregunto qué es esto que tenemos vos y yo. Es como si me persiguieras, si te sentaras al lado, si me hablaras en otro idioma. Sé que nos conocemos desde antes, que me pusiste el nombre, que fuiste novio de mi mamá. Me acuerdo que un día nos encontramos en un sueño, seguro porque yo todavía era una niña y dicen que los niños pueden entender cosas del más allá más fácil que los adultos. Seguro es porque no me conocen. Ese sueño fue el único encuentro entre vos y yo, que yo recuerdo. Los otros, seguramente los recuerdas vos, que estabas grande, pero no yo, que estaba tan pequeña. Me acuerdo que en el sueño conversamos un largo rato y hasta me dejaste en la escuela, con mi falda de cuadros y mi peinado de palmita de coco. Fui tan feliz, Eduardo. No creas, yo hablo mucho de vos, pero fui una niña como las demás, sin preocuparme mucho de los muertos. Aprendí a decir que no tenía papá desde que estaba pequeña y no me parecía tan raro, porque cuando uno crece sin algo, pues la normalidad es que ese algo no exista. Era diferente por eso, quizá, pero era una diferencia distinta, hasta bonita. De pronto porque me sentía con alma de poeta, con la responsabilidad de inventarte, de llorarte de vez en cuando. En cambio ahora, cuando a los amigos se les muere los papás, me he sentido extraña, parecida. Porque vos te fuiste en una edad en la que no es normal no tener papá, pero crecer trae esas naturalidades de la muerte. Naturalidades que nos duelen tanto, porque vos sabías, como yo sé, que los muertos van con uno para siempre, que nos marcan, que nos dejan ser, que somos también por ellos. Vos y yo nos parecemos en que crecimos sin un papá. Y a vos también te marcó eso la vida. Y yo sé que era tu causa, Eduardo, que era tu vida, Eduardo, pero en eso de la política no coincidimos. Yo sigo creyendo que en ese país no vale la pena la política, que los políticos son corruptos y egoístas, y que solo unos pocos, muy pocos como vos, están dispuestos a morir por la causa. Pero en fin, esas cosas no son nuestras ya, ya las dijimos hace mucho.

Ya no me acuerdo qué conversamos en el sueño, pero sí la sensación. Todas las noches que siguieron me acosté pensando en vos, en encontrarnos de nuevo, en conversar otro ratito. Yo creí, seguro, que podía tener un papá en sueños, como cuando uno se inventa príncipes azules. Te pedía entonces que volviera a ser un sueño, pero no como un fantasma. Los dos sabemos que soy miedosa, que no creo en los fantasmas, pero que donde se me aparezca uno… Nunca has vuelto.

Una vez una amiga me dijo que yo debía dejarte en paz, que no me podías doler más, porque de pronto te estaba atormentando el alma. Y qué vamos a saber del alma nosotros, que no sabemos nada después de la muerte. Sin embargo, por si las moscas, yo intenté, y me has dejado de doler, aunque a veces haga paréntesis en la tregua. Lo que entendí es que yo necesito inventarte, que escribirte es parte de lo que soy, que repetir lo que he dicho tantas veces es quererme explicar más, que quererte consiste en saber que puedo volverte letras, que puedo ir por la calle y pensar que caminas al lado, de compañía. A veces creo que en las conexiones de la vida, aunque nos duelan, moriste para yo escribir.

El otro día tuve una pregunta para vos, y yo he tenido muchas preguntas sobre vos que los otros han sabido responder, pero esa pregunta no la puedo preguntar a otro que no seas vos. Por primera vez no supe responderme, no pude inventarte. Porque casi siempre, Eduardo, aunque pasen los años, aunque yo me vuelva más vieja, aunque yo entienda que te fuiste hace mucho, me haces falta. Extrañar a los que se han ido, supongo, es parte de irse. Hasta que un día nos vayamos todos los que conocemos tu nombre.

Mi abuela decía que vos cumplías años al final de noviembre. Vos decías, según mi mamá, que era el 2 de diciembre. Y yo siempre te recuerdo el 2 de julio, que fue el día que nos separamos por primera vez, el día que cerró el guión (1954-1988), pero hoy decidí pensar en tu cumpleaños. De pronto los muertos celebran, de pronto comiste helado o te hicieron torta. De pronto puedes oírme. De pronto es que yo quiero decirte, Feliz cumpleaños, papá. De pronto es que quiero que ellos que leen también te diga feliz cumpleaños, y en esa vos colectiva, de pronto vas y oyes. Quizá porque los muertos nos hacen abrazar.

Entre los secretos que tenemos entre los dos, el que me despeina sos vos. En esta cabeza revoloteada de ahora, seguro estás vos. En este inconformismo de ahora, también estás vos. De pronto es que nos parecemos más de lo que nos desparecemos, papá, o es eso que tenemos vos y yo.

M.

Mi mamá dijo que rezáramos juntas por tu cumpleaños. Puede ser, ¿no? Vos no eras rezandero, ni nosotros tampoco somos, pero vaya uno a saber cuál es el idioma de los muertos.

Tres puertas

Si hubiera estado para elegir

no hubiera elegido la puerta negra,

pero yo estaba pequeña, muy pequeña,

para haberle dicho que esa tarde no.

 

La señora estaba en la casa,

la niña estaba en la finca,

el muerto estaba en la calle.

Cuál muerto, dijeron,

y la muerte fue noticia.

 

La pintura sin terminar,

los zapatos en la sala,

el almuerzo todavía caliente,

el tetero vacío,

el teléfono sin colgar.

La boca abierta

y a la ambulancia la persigue un ruido chillón.

 

Si hubiera estado para la pregunta

hubiera respondido que no,

pero aunque el muerto no espere la muerte,

la muerte aparece  sin avisar.

 

Veintisiete años pueden pasar,

cien años pueden pasar,

pero un solo muerto es suficiente para un pueblo.

Y para una niña.

.

Respirar

se conjuga todos los días,

pero esperar es más difícil.

Esperar a los otros,

esperarse a sí mismo,

esperar la lluvia,

esperarse,

esperarme,

esperarlo.

Comer

se conjuga todos los días,

pero saberlo es más difícil.

Saber a los otros,

saberse a sí mismo,

saber la lluvia,

saberse,

saberme,

saberle.

Caminar

se conjuga todos los días,

pero querer es más difícil.

Querer a los otros,

quererse a sí mismo,

querer la lluvia,

quererse,

quererme,

quererle.

Conjugar

se conjuga todos los días,

pero vivir es más difícil.

.

After a movie

Podemos encontrarnos

alguna vez,

cuando la historia

nos pertenezca.

Cuando el reloj

marque la misma hora para los dos.

Cuando la canción

nos diga lo mismo.

Podemos encontrarnos

cuando tu viento esté soplando

tan fuerte como el mío.

Cuando no seas más el alumno,

ni yo la maestra, y viceversa.

Podemos encontrarnos,

alguna vez,

si es que las letras nos dejan algo.

Si no se acaban primero,

si no se agotan,

si no tengo que esperar tanto.

Ese día, entonces,

la temperatura será la misma,

el cielo será el mismo,

los años, serán los mismos.

Mi bici y yo no andaremos solas

en ese camino sin rumbo

que suelen tener las letras sueltas.

.

El nombre me persigue.

A veces me susurra
que no soy yo,
que estoy detrás,
que no he sido.
Me dice miedosa,
tímida, poco caprichosa.
Me sugiere que me vaya y no vuelva.
Me muestra una jaula.
Me señala el lápiz.
Me llama de otra forma.
A veces, en cambio, se queda callado,
y entonces duele.
Hemos pasado tantos años juntos,
que ya no sabemos llamarnos.

Just thinking

Practicing. They are just ideas. Thanks Jotam and P

Sometimes I feel my name is not Monica although, I am fairly sure that I am Monica. It is a contradiction I have with myself. Maybe it is because you don’t choose your name, it is given to you. Maybe it is because you don’t call yourself and when you stop to think about it, you realize that it is strange you are called by that name. In the end you have to accept, you are the person with that name. Then, you have to stop again and ask yourself who is the person with that name? I am that person of course, but who am I?

I am not sure if your name defines your personality. Even before meeting someone whose name is Monica, I had believed in it. I read that ages ago the meaning of Monica’s name is one ‘who loves the solitude’. I love the solitude therefore, I thought it was true. But it’s not completely true, not at all. There is a world of difference between Monica and Monica.  Maybe it is because I am Monica myself and she is that other Monica. I am a person who loves the solitude, who sometimes has changed her name for Camila and who has invented a dad since she has memories.

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Eduardo is not a ghost; He is a character in my life. I have invented him, I have written about him all my life because when I write about him, he is alive. When I don’t write he becomes dead. His death is my beginning. I am not the same person I would have been if he had been alive. I am not the same person, because as I have been told endlessly, your dead people follow you all of your life. You grew up with their absence and you are brought up with the hole their absence has caused.  I am Monica, who has had to invent a dad since she was a child.

Sometimes you are not sure of your life anymore. You are not sure of them anymore. They are a ghost on the other side of the world. Sometimes, as you have thought other times, you have to break not the law but the rules. When you have been an unbreakable person, someday you will realize that one day, whatever day, it would be enjoyable to be the other person and not follow the world. You just need to feel that you are the other person, with the other name.  It’s not easy. You don’t find the way.

_._._._._

It was 2:00 in the morning when the clocks went back an hour. Marie waited in her bed, alone. People slept an hour more that morning, but not her. The clock Marie has inside didn’t change itself at 2:00 in the early morning. She was not that kind of person. She needed a hint.

At her 9:00, it meant, at 8:00, she drank a cup of tea, her second cup of tea on the day. She was anxious. What happens with the time you skip? One hundred clocks were ticking at the same time. One hundred clocks that didn’t understand the hour back as well as she didn’t.

When he got up, Marie was being driven mad by her clocks. One hundred clocks ticking one hour behind, and in spite of the fact she was trying to wind them back, the time went quicker. It’s not easy to fight with it. Not when other people are walking around with it.

- “What happens with the time you skip?” Marie asked him.- “Nothing happens” he answered her.- “Nothing? You cannot lose an hour and nothing happens”- “You waste time taking buses and nothing happens. You go back an hour and you have an hour more to sleep”.- “To sleep?”- “Just to sleep”

Muy lejos

Esta distancia

entre vos y yo,

entre yo y el mundo,
entre el mundo y lo demás,
entre lo que hay afuera y adentro,
entre lo que puede ser y no.
Esta distancia
que me hace dudar del nombre,
de los años, de las letras, del idioma.
Esta distancia
que pregunta
como si fuera una niña
que puede responder, inocente,
a la vida misma.
Esta distancia
que nos desenamora,
que nos enamora,
que nos deja ser dos fantasmas.
Está la canción, también,
pero no hay hermenéutica que la interprete.
La distancia entre dos puntos
es también no saber dónde están los pies,
menos el corazón.

 

A cat

-Trying to write in English. Thank Jotam for helping me-

Maybe I should be a cat. I love to know about different things, ask a lot of questions like what you can find behind that strange door, in the room with the bed and the guitars. There is a blue guitar, which someone painted just because he likes blue, as I like. Someone you would like to kiss just because he likes blue, as I like. But you don’t do it, just because magic is better.

I have met people from different countries these days and I have discovered that we can have different customs and culture but the essence is the same. They eat as I eat, They dream as I dream, They need to sleep as I sleep, They are humans as I am. Maybe we cannot speak in the same language and we have to look for a common language like English but we are the same human beings in different places around the world.

When I am thinking about this, in the news are talking about wars and people being killed. Sometimes we forget that we are people, trying to live as others leave. I think of Eduardo of course, someone killed him because a killer forgot that Eduardo was a human being like him with a life to share with someone, as him too. I don’t know what you can find on people. Why that one person and no other but I am sure now, if someone appears in your life, maybe it is because you need to learn something. Maybe just to know that sometimes life is living and not thinking a lot.

.

Esta soledad
tan atravesada a veces,
tan querida siempre,
tan punto y coma, tantas veces.

Estas siete letras
tan acompañadoras,
tan extrañas,
tan letras.

Soledad es igual a mí, y a muchos al tiempo,
si fue que aprendí matemáticas:
porque estar conmigo
es estar sola con las siete letras
y con un montón de gnomitos,
chiquititos,
que están adentro.

Soledad es igual a Camila.