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La Ficción Sin Comentarios

No ve.
La lluvia
se pega a los anteojos,
en gotas pequeñas.
Lo odia.
Le molesta no poder ver,
tener que quitárselos,
quedar atontada
mientras los ojos se acostumbran
y los limpia
con la camisa
o hasta la falda.
Eso depende.
Ciega.
El tiempo pasa
y las gafas que se quedan
cada vez con más gotas.
Cosas esas
de llover,
incluso cuando solo se imagina.

POBRES HOMBRES

La Ficción 1 Comentario

El hambre detrás de la ventana,
en forma de hombre
pequeño, con sombrero y bigote.
Un poco sucio, también.
La mirada al frente,
casi indiferente, pareciera.
La mirada allá y no a él,
porque le enseñaron
que no hay que dar limosna.
La fomenta.
Detrás hay un hombre
con una vida,
quien sabe cuál vida,
pero alguna.
Tal vez con hambre.
La mirada y ella que piensa
que eso de la pobreza
es una cosa extraña
que depende del lado de la ventana
de dónde se mira.
Él detrás,
pero podría ser al revés.

SENSIBLERA CON LÁGRIMAS

La Ficción 1 Comentario

Uno tiene sus días tristes, con lágrimas que viajan en la maleta del ojo, siempre listas para bajarse. Y luego se queda uno con la cara roja, pero con la tranquilidad de que dejó salir todo lo que abruma al de la mitad y algunos inventan que es rojo. Otros tenemos papel para escribir, aunque nos cansemos en la tercera línea, porque todo el día frente al computador, por supuesto que deja la cabeza gigante. Uno tiene sus días tristes, por un montón de cosas que se juntan. A veces, solo por estar triste, sensiblízima.

RÍO

La Ficción 2 Comentarios

Hay días en que los kilómetros pesan, así no sean muchos. Pesan porque uno quisiera estar allá y no acá, así haya un día perfectamente lluvioso y ande debajo de las cobijas. Extraña hasta las épocas en que estaba pequeña. Todos los sábados eran para los frijoles. Todavía le parece escuchar a su abuelo que le decía que cogiera la cuchara y tomara con ella el caldito de encima, que así podía ir comiendo mientras se enfriaban. Y comía con él, mientras se reía con Sábados Felices, cuando hacía reír, o no me acuerdo. Ahora ni los frijoles y mucho menos en la noche, porque, eso dicen, caen pesados al estómago, como una piedra. Y tampoco el abuelo, al que ya le duelen las rodillas. Estamos lejos, si acaso una vez al año. Extraño, diría. Tiempos esos que hacen sonreír y un pueblo pequeño que tiene hueco propio en el de rojo. En fin.

ESCRIBIR

La Ficción 2 Comentarios

Las bolsas
también se deshacen
con el tiempo.
Se vuelven hilachas,
bolsas que parecen bolsas, en efecto,
y son intocables:
se deshacen en miles de pedacitos.
Lo descubrí ayer,
mientras buscaba
una hoja de papel
con varias palabras,
que había guardado
hace dos años
para recordarme que sí,
que tengo esa intención,
extraña,
de quererlo todo.
Hasta lo que ya pasó.

FIN

La Ficción 2 Comentarios

Tantas cosas revueltas, a veces a medio hacer, sin ser compatibles, así al aceite y al agua se les ponga fuego. Hay cosas tan cotidianas, tan normales, que cuando se sale de la rutina, por esas vainas de la vida, acostumbrarse de nuevo no es tan fácil como decirlo. El miedo no se detiene tan rápido. Hay que darle tiempo a que vuelva al carril, a que sea más tranquilo. La confianza, bien dicen por ahí, se pierde rápido y se recupera con tiempo. Aunque lo que si creo, es que la vida a veces le pone golpes, difíciles y todo, para que haya inspiración para escribir. Solo que pasan una vez, no dos, ni tres. Ya fue, ya pasó, el tiempo sigue y uno que debe ir a la par. A los otros, el azar les cobra por milésima.

DE GALLINA CON PELOS PARADOS

La Ficción 2 Comentarios

El corazón
que se agita
con el paso del semáforo.
Rojo, pensaría uno.
No, hasta el verde
que conmueve,
que sobrelleva
ese dolor de no poder olvidar.
No del todo.
La piel de gallina,
el recuerdo,
un ángel de la guarda,
un rápido
que se abra la puerta.
Despacio.
El sonido de la radio
de hombres con chistes extraños.
La gente que aplaude porque sí.
La televisión que alumbra.
La gente que se distrae
y hasta se cae
por un blacberry.
La vida sigue.
El tiempo
con el segundero del reloj
y el tic tac
del de la mitad,
que se agita
con el paso del semáforo.
Hasta el amarillo.

FESTIVAL DE POESÍA

La Ficción 2 Comentarios

A mí me gusta leer poesía, no tanto escucharla, salvo que la lea el que la escribió. Lo que si creo es que el Festival Internacional de Poesía de Medellín es un evento hecho de poesía, para los amantes a ella o a los que se quieren antojar. Son tantas historias las que cuentan los poetas en sus escritos. Y tantos los poemas que derriten. Es lo máximo ver todo un hotel lleno de hombres locos, estoy segura, y a mi definición de loco, que los poetas para serlo tienen su rayón. Se pasean, hablan en inglés, en español, en francés y hasta el idioma más extraño. En fin. A los que puedan disfrutar de la poesía en la ciudad, no se lo pierdan, tienen hasta el sábado. A mí, personalmente, me encanta eso de ir al Jardín Botánico, acostarse en el pasto y dejar que la poesía entre, así no más. Para los que no, entren a la página del festival, hay cositas chéveres. www.festivaldepoesiademedellin.org. Y los que quieran ver la programación, en Elcolombiano.com. Para EL COLOMBIANO, esto es lo que he escrito por ahora (y con una compañerita). Se los dejo, para que se antojen.

Vuelve la magia de la poesía

La poesía va desde el centro a los poetas

Letras para reinventar la vida

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La Ficción 1 Comentario

Repite letras.

COSAS DEL BAÚL

La Ficción 3 Comentarios

Este me lo encontré escudriñando en mi memoria.

NOMBRE

Escribo este nombre y es sólo una palabra vacía, sin alas, sin nadie. A veces sólo somos nombre, sin hombre, sin nada. Puedo escribirlo, muchas veces, quizá miles de veces, pero sigue siendo nombre, sin hombre. Las letras siguen allí, como esperando que las mire, que les diga que ella si existe, pero ella no existe. Es nadie, es sólo hombre, es nombre. Es ella. Escribo este nombre, y es sólo un palabra vacía, sin alas. Un hombre, sin nombre, sin nada.

AGUJERO NEGRO
Parece una luz intermitente, de esas que se ponen en navidad. Está a la moda de los últimos años, un solo color. Y se mantiene a veces. Va y viene. A veces está. A veces no. A veces sigue vacío, a pesar de lo demás.

.lm,.–..,,.–

Todo es distinto aquí. Las hojas de los árboles no caen. No. Suben. Es como si no hubiese fuerza de gravedad para las hojas, y en cambio, hubiese una parecida, desde arriba, que las hiciera subir, como una fuerza de las hojas, atractiva por demás. Y suben, casi a manera de vuelo, casi solitario. Se mueven suavemente, de izquierda a derecha, siempre hacia arriba. Y entonces el techo ya no es azul, es de hojas. Y el mundo inevitablemente se siente al revés.

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