Marzo 9, 2010
La Ficción
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Hay gente que se muere de vieja y al natural. Hay otros, contradictoriamente, que se empiezan a morir de a pocos, sin el mínimo rastro de naturalidad, o de vida. Solo la muerte que va, con una suerte ‘analógica’, dando pastillitas, para poder, un día de estos, entrar de frente y por la espalda, como suele hacerlo. Hay gente que muere con la hermética (no todas) de una crítica de un poema lírico. Y que muere incluso con los ojos abiertos, pestañeando y el corazón dando tumbos, con ese tradicional sonido que suele hacer el de rojo.
Marzo 8, 2010
La Ficción
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Me visto toda de negro por el aniversario cero de tu decima tercera muerte.
Marzo 4, 2010
La Ficción
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Esto fue mientras a alguien se le ocurrió preguntar cosas innecesarias, diría irrelevantes, en la clase de Teoría del texto poético. Entonces Camila se apareció y me llevó a otro lado, el de los edificios que pinto casi a diario en cualquier lugar. Incluso en mi piel.

En la ventana
tu imagen
que parece
-así parece -
un fantasma
que tiene cuerpo.
Miles de edificios
pintados
en hojas perdidas
de cuadernos que las buscan.
Edificios con miles
de ventanas
de tu imagen
repetida
como fantasmas
no transparentes
que se pueden tocar,
sin que la mano vaya al otro lado.
Tu imagen es un fantasma
repetida
veces miles
en cuadernos perdidos
de hojas desesperadas
que las buscan.
Edificios llenos de ventanas,
llenos de vos,
que te asomas,
desnudo.
Marzo 1, 2010
La Ficción
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Como un zombie que no tiene nada más que hacer que dejarse no morir.
Como un zombie que deja que la vida le conduzca por dónde se le place la gana.
Marzo 1, 2010
La Ficción
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Las mariposas van de tu estómago al mío, se dan pequeños besos y luego vuelven para quedarse con la luna el resto del tempo. Quedan como pequeñas niñas hiperactivas.
Febrero 28, 2010
La Ficción
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Me miro al espejo y cada vez es una mujer distinta. A veces creo que el espejo es una gran máquina de fantasías, que se inventa personas que se parecen a mí, pero que nada tienen que ver conmigo, o por el contrario, lo tienen que ver todo. Veo una mujer de pelo largo. Muy largo y con el color que le queda después de tantos años de llevarlo en su cabeza. Antes era rubia y ahora sigue siendo rubia, pero no tan rubia como cuando tenía dos años. Desgaste, debe ser. El pelo sobre los hombros, el pelo sobre la frente, de lado. Los ojos más cafés que de costumbre, casi miel. La camiseta negra, pegada al cuerpo. Entonces creo que me parezco, como diría mi abuela, a una virgen de pueblo. No llevo aretes. Me voy.
Me miro al espejo. Ahora veo a una mujer con mirada dulce, casi como la de una niña de seis. Los ojos, café claro. Las pestañas, sin maquillar. La piel muy blanca, pálida como el papel. Los ojos un poco cerrados. La camisa menos negra. Entonces recuerdo a Miguela, la del libro de Jairo Aníbal Niño. Ella no tiene el pelo tan liso como el mío, pero tal vez yo tenga un poco de su inocencia. Me gustaría paracerse a Miguela, pienso. Doy la vuelta y busco la puerta.
Me miro al espejo. Al frente una mujer con ojeras. Los ojos están pequeñitos. Las pestañas tienen un poco de pestañina. No está tan blanca. Hay un poco de rubor. Sigue sin aretes. No le gusta, no termina, no se mira. Le da la espalda a la mujer y quedan dos de frente, desde atrás.
Dos espacios…
Cada vez es una mujer distinta. Ojalá uno se pudiera quitar los ojos para mirarse de frente, o de atrás.
Febrero 28, 2010
La Ficción
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Extraño tu cuerpo en alguna parte de mi habitación, así fuese como fantasma. No has vuelto y mi corazón se desborona, como si por él hubiese pasado un terremoto que deja todo en el suelo, incluso el de rojo. Tendrías que venir a pegarlo con cinta.
Febrero 24, 2010
La Ficción
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Ésta me gustó!
El pequeño Polidoro avanza despacio, en compañía de una cantidad de almas troyanas que le siguen. Hécuba, su madre, está durmiendo con las mujeres en su tienda. Polidoro se viene con las almas, a aparecerse en el sueño de su madre y a decirle, todavía con su voz pequeña, que fue asesinado.
Y cuando Farley recuerda la escena, la última palabra ya no tiene la fuerza de las anteriores. Sus ojos están llenos de lágrimas. “Los va a hacer llorar”, dice el director del Teatro Hora 25 y de la obra Hécuba y las troyanas, de Eurípides , que se estrena hoy.
“Los griegos le han dado mucha fortaleza al espíritu -cuenta Farley Velásquez. Y hay personajes que después de muertos se aparecen en sueños revelando su tragedia”.
Hécuba es una mujer fuerte, que pelea hasta el final para salvar su dignidad y la de sus hijos, “que ya están condenados a muerte, o para salvar su vida, que ya está condenada también”.
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Febrero 15, 2010
La Ficción
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Hay días en que quisiera perder la noción de si misma. Quedar en negro, total en negro. Entonces tomaría un lápiz que escriba en blanco, por supuesto y aunque suene ilógico. La pintaría a ella y a él, como puntos de partida de mi nombre. Y luego dibujaría todo lo demás. Me sentaría en una silla movediza, al lado de una casa solitaria, acompañada por el viento que me despeina. Tendría un libro en la mano y un cuaderno en el piso, para cuando me diese ganas de escribir un poema. Desaparecería todos los relojes, todos los celulares, todos los computadores y volvería, y lo voy a escribir solo porque me suena bonito, al tiempo pretérito.
A ella le gustaría no tener que hacer nada más que, y perdonen si se hieren susceptibilidades, sentarse a leer, a escribir, a dejar que la poesía la vaya matando lentamente. Y luego aparecería el otro él y le daría un beso y volvería a dejarla ahí, en un amorío de letras y de muertes. Le gustaría nada más, salvo que se pudiera escribir en un cualquier lugar e inventarse no vanamente. Entonces tal vez sería más fácil que el mero no entrara en la cabeza como un sonido insoportable, aturdidor. Eso como ejemplo, simplemente. Tiene ganas de dormir. Los ojos se cierran de apoco, si es que tiene ojos para este instante. Piensa en los elefantes que vio en el cielo a la hora del almuerzo. Piensa en ella, en que debería dejar que esos negros, entren de vez en cuando.
Tiene ganas, además, de amarrarse los cordones.