Prueba Fiat 500 Cult: El principito

El principal mérito del regreso del Fiat 500 al país con un nuevo y mejorado precio, es la creación de un nicho nuevo en la disputada zona de los 35 a 43 millones de pesos. Se trata de tener un automóvil de capricho a una tarifa racional (incluyendo un 500 convertible por 52 millones de pesos), lo cual demuestra que nuestro mercado poco a poco va alcanzando una necesaria madurez con productos especializados para cada gusto y necesidad, por puntual que sea. Probamos para Blogaraje el Fiat 500 en su versión Cult.

A Colitalia, importador de la marca para el país, “se le apareció la virgen” con la decisión de la casa matriz de ensamblar este modelo en México, país con el que existe un tratado de libre comercio que rebaja sustancialmente la carga impositiva de los automóviles que llegan a Colombia desde sus armadoras. Es por eso que el 500 se ve con mayor cadencia en las calles de nuestras ciudades pues ahora es posible conseguirlo desde 35 millones de pesos. La versión analizada, que lleva el apelativo de Cult, es el modelo de entrada y se diferencia de los demás 500 en que tiene menor equipamiento y un motor con prestaciones más discretas que sus hermanos de gama.

El Fiat 500 es un hatchback del segmento A, el más pequeño (3,54 mts. de longitud), con un diseño de Roberto Giolito del Centro Style Fiat, que recuerda al modelo original lanzado en 1957 y que se comercializó en Europa y otros continentes hasta 1975. El 500 actual se estrenó en Italia en 2007 y desde 2009 se vende en Colombia, inicialmente importado desde la planta de Fiat en Tychy,Polonia y desde 2012 de la ensambladora que el grupo Fiat-Chrysler tiene en Toluca, México.


Exteriormente es imposible no rememorar aquellos pequeños urbanos europeos de los años 50 y 60, baratos y fiables y que ayudaron a la motorización de ese continente en la posguerra. Esta es una de las principales bazas para que este carro se venda tan bien, un diseño magnético.

El interior es de una conjugación “retromoderna” muy bien conseguida. El conjunto de instrumentos, agrupados en una circunferencia casi igual a la del modelo de origen, tiene indicadores análogos, digitales y testigos luminosos que informan casi cualquier parámetro del carro sin ocupar mucho espacio. El volante, con el logo de Fiat, que también es retro, tiene buen tacto y es regulable en altura, aunque si lo ponemos muy  bajo, puede ocultar información del mencionado círculo de instrumentos en el que se alberga un computador de consumos y distancias. El panel frontal del tablero es de un material plástico en el mismo tono del color de la carrocería. En el modelo de 1957 era metálico, pero este en plástico se le asemeja mucho y da un buen aspecto. La ubicación de la barra de cambios, en el propio tablero, produce buenas sensaciones ergonómicas y ahorra espacio entre los asientos delanteros. Los mandos del radio, la guantera y la aireación, en negro, son de buena calidad y fáciles de operar. Los botones de los elevavidrios eléctricos también van en el tablero y no en las puertas, como es costumbre en la mayoría de automóviles. Las manijas para abrir las puertas, que tienen los seguros  integrados, son un claro ejemplo de la convivencia del diseño de antaño con el de hoy, en el que abundan también los portavasos y múltiples bolsillos .

Hay plásticos duros en tablero y puertas, como es natural en un segmento A y algunos superiores, pero los del 500 son de buen tacto y se intuyen resistentes al uso y el paso del tiempo, así como los asientos de tela, que agarran bien y se pueden regular en altura (!Aleluya!), aunque los apoyacabezas, redondos, son “raros” y se sienten duros al tocarlos con el miembro superior. La posición de manejo es buena y la visibilidad, si bien no es abundante, por lo menos ofrece un buen dominio del frente y algunas partes alrededor del carro.

Atrás, las sillas pueden llevar a dos niños sin problemas, pero igual número de adultos podrían sufrir de claustrofobia e incomodidades en un viaje largo, aunque de caber, caben, pero sin duda este es un carro en el que van mejor dos personas y solo infantes atrás. El acceso adelante va sin inconvenientes, para ingresar a los asientos traseros hay que hacer ciertas maniobras que a no todos gustan. El baúl es acorde en tamaño con la utilización del carro. Cabe un mercado normal o un par de maletines de viaje.

Divertido, más no deportivo.


Los mandos del embrague, la dirección y la barra de cambios están bien sincronizados y son suaves y agradables de manejar. La llave de encendido, tipo navaja, le da vida al propulsor 1.4 de 85 caballos, proveniente de la familia de motores Evo, los mismos que animan al Uno que nos llega desde el año anterior. En la unidad probada tuvimos en ocasiones algunos problemas de inicio pues no siempre funcionaba al primer “startazo”.

El 500 rueda con facilidad desde cero. Si bien no tiene un empuje contundente como el de su hermano de 16 válvulas y 100 caballos, ya probado por Blogaraje, rueda, corre y asciende bien. El uso del selector de las marchas, de 5 velocidades, es muy agradable, estas se insertan con facilidad y son de un recorrido, que si bien no es corto, no permiten que el carro pierda potencia dramáticamente y facilitan un empuje constante de acuerdo con la potencia declarada. Si algo destacable tiene el portafolio Fiat, es el buen aprovechamiento de sus motores, desde los multipremiados TwinAir y el Multijet que se venden en Europa, hasta los Evo y los e-TorQ que se comercializan en América y otras regiones.

Si queremos una conducción más desenfadada, no es problema subir de vueltas el propulsor. Hacer los cambios a 4.500-5 mil revoluciones es lo indicado para lograr buenas aceleraciones en subida o hacer sobrepasos. Es recomendable tener un poco de cuidado al tomar las curvas cuando vamos en plan Sport o al pasar superficies rizadas a alta velocidad, pues el tren trasero es flojo de sustentación y nos puede facturar un susto al rebotar demasiado y perder trayectoria. Nada peligrosogracias al control de estabilidad de serie, pero es bueno advertirlo. A propósito, la función Sport endurece un poco más la dirección, que es muy suave en modo normal y hace más llevadera la conducción, pues el carro se vuelve más natural y es más fácil anticiparse a lo que nos depara el camino. Esa función Sport se supone que también actúa sobre el pedal del acelerador, haciendo más vivaz su respuesta, pero no hemos notado mucho esta diferencia, al menos en el motor probado. El consumo, luego de más de 200 kms. recorridos fue de 52 km / gal. en promedio, más que bueno.

La suspensión está más enfocada a la rigidez sin ser un apartado insufrible para los pasajeros. En ciudad y carretera se comporta bien, sin acostarse demasiado en curvas ni balancearse innecesariamente. Los frenos (con ABS) son estables y responden a la altura, el carro se detiene en la distancia prevista y en maniobras de riesgo no hay asomos de pérdida de adherencia, gracias en parte a los cauchos montados en rines de 15 pulgadas. El Fiat 500 Cult viene también con control de tracción y sistema de ayuda de arranque en pendientes.

En conclusión, el Fiat 500 es un buen modo de tener un citycar divertido y si se quiere, con un toque chic de cierta exclusividad, algo que pagan sus propietarios al adquirir uno. Ágil en ciudad y con ínfulas para salir a carretera, el 500 se ha convertido en una opción considerable si queremos un automóvil icónico, poco visto, de precio alto más no desorbitado y con un aroma de clase y elegancia que se ha convertido en uno de sus argumentos más incontestables a la hora de adquirirlo.

Para consultar la ficha técnica completa, por favor visite nuestro portal web www.automovilescolombia.com/vehiculos/fiat/500

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2 Respuestas para “Prueba Fiat 500 Cult: El principito”

  1. Alejandro Maya Dice:

    Definitivamente se lucieron con este test drive del Fiat 500, más completo no pudo estar. Bueno si lo hacen a cada una de las versiones comercializadas por Colitalia, felicidades

  2. martin Dice:

    muy bueno el Fiat 5oo

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