MINI John Cooper Works GP: Solo para 10 pilotos

Este MINI nació limitado. Sí, limitado solo a 2.000 afortunados que lo pueden tener en el mundo y de ellos,  solo 10 en Colombia (todos vienen en Thunder Gray Metallic). También su uso en el día a día es limitado, pues el GP nació para desarrollar su potencial en la pista, es entonces, un juguete de la más alta concepción lúdica y el MINI más rápido de la historia.

Las credenciales que tiene este MINI resultan de lo más apropiadas, pues en la pruebas en el “infierno verde” de Nürburgring logró parar el cronómetro en un tiempo de 8:23, más rápido que numerosos deportivos pertenecientes a segmentos superiores.

El propulsor de esta fiera es el 1.6 TwinScroll turbo de 218 caballos, unido a un  chasís deportivo específicamente desarrollado para este modelo, con ajustes regulables propios de un automóvil de carreras. Las prestaciones incluyen un o a 100 en 6.3 segundos, pasa de 80 a 120 km/h en 5.9 segundos  y alcanza  una velocidad tope de 242 km/h. Las soluciones aerodinámicas incluyen faldones delantero y posterior de grandes dimensiones, marcados faldones laterales y un alerón en el techo especialmente concebido para este modelo. Además cuenta con un nuevo difusor en la parte trasera, que optimiza el flujo de aire en la zona de los bajos.

La sensación de estar al mando de un auto de competición se refleja en el ambiente que impera en el habitáculo, pues su configuración se concentra  en el piloto y su copiloto (este carro no tiene conductor, tiene piloto), que van en asientos diseñados especialmente por el especialista Recaro. No existen sillas traseras.

Al país llega a un precio de $139.900.000 y está disponible en todas las vitrinas MINI de las principales ciudades.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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