Hamburguesas

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Fue un error, hace unos días alguien confundió el post de las arepas de Belén con uno de hamburguesas que había escrito otra persona. Y bueno, me felicitaron por las hamburguesas y yo sin tener idea de qué me estaban hablando. Resultó que no, que lo que le había gustado de verdad eran la arepas en Belén.

Pero la inquietud quedó sembrada. Hamburguesas. Me gusta hacer las mías para las de los asados y no comprar las de caja, aunque hay algunas como las Ranchera que tienen muy buen sabor. Yo las hago con tabla, la pido molida de una vez en la carnicería. Y les hecho avena para darles textura, un huevo para ligar, y las condimento con lo que se me atraviese: curry, cebolla picada, ajo… Tengo en mi despensa un regalo de un amigo, una mezcla de especias (Selva Verde) que va muy bien en la carne. Luego, las armo y las aso. Me gusta jugar con lo que le pongo. Que non sea lechuga, cebolla y tomate. Berenjenta, por ejemplo, es una buena opción. O pimentones asados. De pronto espárragos, o unos champiñones. La creatividad es la que manda. Quesos, que sean un montón y el juego está en combinarlos: cheddar, gruyere, azul, gouda, manchego… Sabores que ayudan mucho. Y al final, que no falte la cebolla, mejor si es morada.

Pero en casa hacer una hamburguesa es difícil. En la calle tengo un recorrido por varias que me encantan. la primera tiene que ser necesariamente hamburguesas Pop.

Pop es ese pequeño local que queda en la esquina suroriental del parque de El Poblado. No muchos lo conocen, pero les aseguro que son las mejores. Sucede que este negocio es de los mismo dueños del vecino Che y alguien, no recuerdo quién, me contó hace unos días que el secreto de las hamburguesas es que son hechas de algunos cortes del solomito que no se usan allí. El resulado es un carne jugosa y tierna de muy buen sabor. La hamburguesa y el lugar son muy sencillos, pero la experiencia vale la pena. Además, par mi, otro hit son las papas a la francesa: son hechas de papa de verdad, es decir nada de papa congelada. Hace rato no voy, pero supongo que el combo con gaseosa debe estar en unos 10.000 pesos.

En el recorrido hamburguesero también está Burguesas. Al frente del Inem, en Las Vegas, este es uno de los mejores lugares para calmar el hambre con muy bajo presupuesto. El lugar es muy incómodo, no hay donde sentarse, y si llueve es un lío. Pero por tan poco dinero no es mucho lo que se puede pedir. En realidad, solo recomiendo este lugar un viernes o un sábado por la noche, cuando la rumba o bien está empezando o bien está terminando.

Hay dos lugares que no pueden quedarse sin mencionar: El Corral y El Corral Gourmete, pero son tan conocidos que creo no vale la pena darles mucha importancia, aunque, hay que decir que en ambas partes las hamburguesas son deliciosas.

De Primo’s me gustan mucho los locales y la gran opción que hay en el menú. Incluso tienen una hamburguesa vegetariana que en vez de carne tiene un portobello. En este lugar, la carne y los panes son deliciosos pero, lo mejor, la salsa de la casa, una mezcla que se acerca al sabor de la salsa tártara, pero con color y textura diferentes.

En las comidas rápidas me quedo con las de Burguer King, por sabor y textura. Aunque también tienen dejos a comida prefabricada, creo que son una muy buena opción. Incluso, no dejen de probar la BBQ Stacker.

En opciones callejeras reconozco que no tengo. Muchos de los carritos que me gustaban ya no existen. Había uno en Ciudadela de San Diego que me gustaba mucho. Era típica hamburguesa callejera con salsa de piña incluida. Pero ya no existe.

¿Será que se me queda algún lugar por fuera? Bienvenidas las recomendaciones.

Arepas al carbón

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A modo personal he hecho el análisis de que alrededor de los cereales se erigieron grandes culturas. Europa, por ejemplo, basa su alimentación en el trigo (o la basó hasta que descubrió el Nuevo Continente). El arroz para Asia es fundamental y en América es obvio que el maíz jugaba un papel fundamental en la alimentación precolombina.

A pesar de que el tiempo ha pasado, cada uno de esos cereales sigue siendo fundamental para los pueblos que los cultivan y, en nuestro caso, el maíz sigue siendo parte fundamental de la cultura alimenticia colombiana. Las arepas son, a mi modo de ver, uno de los platos representativos de nuestro país. Las hay en casi todas las regiones y hay decenas de variedades. En Antioquia, por ejemplo, doña Zaida Restrepo de Restrepo cuenta las arepas de maíz trillado, las de queso, las rellenas de queso, las de fécula de maíz, las arepas de maíz pelado, las de maíz sancochado y las de chócolo. Agreguemos las santandereanas (con chicharrón molido), las de mote, las de huevo… Y la lista seguro sigue.

Colombia se pelea con Venezuela el origen de las arepas (así como Chile con Perú el del pisco). Lo cierto es que los dos países hacemos nuestra versiones y las venezolanas se diferencian por el hecho de ser más gruesas, hecho que permite, más que rellenarlas, hacer una especie de sánduche.

Todavúa tengo en mi memoria las arepas asadas al carbón que me comí en Salento, en el Quindío. En una de las esquinas que hay cerca del parque, una mujer empieza la noche asando arepas al carbón. Mucha mantequilla y una tajada de quesito.

Tampoco salen de mi memoria las escenas en casa de Elisa, en Necoclí, donde todos los días empieza muy temprano la labor de elaboración de las arepas que se come todo el pueblo, un híbrido entre arrieros y pescadores que se debate entre una identidad antioqueña y una costeña. Para mí, que las cosas se queden como están porque es uno de los pocos lugares donde las arepas son excelentes y al almuerzo se puede degustar un buen pescado frito.

Hace unos días la lluvia dejó salir de casa a las 5:00 p.m. Alguna vez pasé por una callecia en Belén donde el olor de la arepa asándose al carbón me llamó mucho la atención. Aquella vez no paré pues iba tarde para una función en La Polilla. Pero esta vez el antojo fue muy fuerte. Llegué y me alcancé a desilusionar. Apenas prendían la parrilla.  “¿Se demora mucho?” pregunté y, para mi fortuna, la respuesta fue negativa. Si se tiene la técnica, el carbón se prende en poco tiempo.

Mientras calentaba la parrilla pedimos la carta. Ingredientes sencillos, pero suficientes: jamón, pollo, carne desmechada, champiñones, piña, madurito, maicitos, tocineta, chicharrón y salchicha ranchera. De ahí lo que se puede hacer es armar la combinación que se quiera. El resultado es una arepa rellena, muy parecida a las venezolanas.

Este improvisado negocio abre todos los viernes, sábados y domingos desde hace cinco años y medio. Si llegan a las seis, seguro ya están listos para atender. Los primeros dos días hay servicio hasta las 11 de la noche (un poco más tarde si los comensales son suficientes) y los domingos hasta las 10:00 p.m.

Esta vez me comí ua arepa con carne, chicharrón y champiñones (que mezcla exótica). Deliciosa. Todo está preparado por lo que el tiempo de espera es muy poco. Queso tienen todas y las finalizan con margarina Rama (pongo la marca porque el sabor es indiscutiblemente el mejor) y sal. Una arepa calientica, tostadita. La carne desmechada tiene un sabor delicioso, aliñada pero sin que los aliños le quiten el sabor a la proteína y el chicharrón es seco y tostado.

Todo es hecho por la dueño: arepas y rellenos. Una opción super recomendada. Este pequeño puesto de arepas al carbón queda en Belén en la calle 23 con la carrera 76, diagonal al teatro Corporación La Polilla. Busquen una hornilla y el olor de las arepas asándose. Precios: entre 5.000 y 10.000 según la cantidad de ingredientes.

Cazuelas de mi Tierra

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Son lugares pequeño los que a veces sorprenden. En medio de comidas rápidas, de asados (que es lo único que hay en Santafé), encontrar propuestas diferentes y refrescantes es como un oasis y más si son consistentes entre nombres, promesas y productos.

Me pasó hace ya un buen tiempo. Recorría Unicentro y me encontré con un local que, desde afuera, no tiene cara de mucho pero que, al entrar, enamora. Enamora, en primer lugar, por la decoración, pensada en un local difícil de diseñar pero que, al final, logra el cometido de ser bastante funcional.

No nos vamos a encontrar con un restaurante a manteles, pero sí con un pequeño lugar donde hay algunas mesas para los clientes y que, de ser necesario , cuenta con las mesas de la zona de comidas de Unicentro que, a mi modo de ver, es bastante agradable.

La carta está bien pensada y, aunque los nombres no corresponden muchas veces a lo que viene en la cazuela (vale decir que la especialidad de Cazuelas de Mi Tierra son las cazuelas), al leer los ingredientes se hace agua la boca.

Me gusta mucho la cazuela de fríjoles, aunque nunca he podido entender por qué está en la sección de cazuelas vegetarianas. Pero este sí es un plus, creo que es de los pocos lugares en las zonas de comidas de los centros comerciales que se preocupa por aquellos que no pueden o no quieren comer carne.

Acordarme de los nombres de los platos es difícil, pero les recomiendo que no dejen de probar la cazuela de mariscos, la que tiene pollo con champiñones y la de solomito a la pimienta. Seguro no se arrepienten.

Pero no he hablado de lo que de verda me gusta cada vez que voy. La ensalada es lo mejor. Son verduras frescas, deliciosas y, lo mejor, combinadas exquisitamente con frutas (fresas, papayas, carambolo…). No creería uno lo bien que van juntas, pero son una explosión de sabor, más cuando se mezclan con la vinagreta. Un super recomendado.

Creo que lo único que les falta son las bebidas. Las veces que he ido siempre he terminado tomando gaseosa y creo que un lugar que interpreta tan bien el concepto “Mi Tierra” podría darse el lujo de tener bebidas muy nuestras.

En precios, está bien. Por persona pueden ser unos 15.000 o 16.000 pesos, dependiendo si se pide la proción entera o media, que para mi es suficiente.

Cazuelas de Mi Tierra está en Unicentro y en Premium Plaza.

Dolché

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Quisiera dedicarle mucho tiempo a este blog, pero el tiempo, a veces, se lo lleva todo la responsabilidad del trabajo. Que me regañen porque no escribo, me lo tengo merecido. Ofrezco excusas porque sé que un espacio como los blogs debe ser constante pero quiero decir que hago todo lo posible. Igual, me pueden seguir en Twitter (http://www.twitter.com/tettay) donde sí soy más activo en temas de gastronom´´ia.

Ahora sí entro en materia. Para ir de la casa al trabajo paso siempre por Prisma, un nuevo centro empresarial que hay en el cruce de la 34 con Las Palmas. Está ahí desde hace, más o menos, un año y justo cuando lo terminaron apareció un letrero que me había llamado la atención.

Dolché. Y el local estuvo vacío un buen rato. Confieso que presentía la apertura de una repostería con dulces argentinos, igual a las que ya existen, sobre todo, en Provenza. Nada nuevo, pensaba. Lo cierto es que desde que a la ciudad llegan los chefs pasteleros de Argentina las propuestas se han empezado a parecer mucho. Algunas propuestas sí se salvan pues han sabido adaptar los conocimientos adquiridos a los ingredientes y los gustos locales.

Pensaba entonces que vería una fotocopia de lugares ya existentes. Lo cierto es que la semana pasada me llegó un correo electrónico invitándome a Dolché. Con cierto esceptisismo acepté la invitación y tengo que decirlo, me sorprendí gratamente.

Dolché no es lo que me había imaginado. Los protagonistas allí son los helados y qué helado. Elaborados con la típica receta argentina (que bien podría ser una adaptación del gelato italiano) son deliciosos. La textura es especial pues dista mucho de la que hemos probado acá y, lo mejor, es que los helados son hechos en el local cada mañana. La mayoría, entonces, es producción fresca. Puro helado artesanal.

Nunca había visto tantos sabores diferentes. Nos alejamos de la típica vainilla y fresa y si hablamos de chocolate, habría que decir que son seis los sabores que ofrecen, cada uno con una intensidad de chocolate diferente y con un ingrediente que hace que degustarlos sea toda una sorpresa. Hay uno de pasas marinadas con oporto que es una verdadera delicia. Es más, cada sabor esconde sorpresas dignas de ser descubiertas.

También hay repostería y aunque no la probé, no dudaría en decir que está a la altura del helado. Es más, me pareció ver un típica medialuna porteña por la que tengo que regresar.

En temas de comidas de sal también lo hacen muy bien. No es su especialidad, pero igual se esmeran en que la comida sea deliciosa. Son sánduches que, perfectamente, sirven de almuerzo o de comida y, lean bien, nunca dejen de pedir el postre y de acompañarlo con un buen café.

Además, creo que es el único lugar de la ciudad donde se consigue una buena cerveza Quilmes. Precios: un helado de una bola cuesta 2.500 pesos y uno de dos 4.800. Para nada caro si se compara con la calidad del producto. En comidas de sal, los precios también están razonables. Hay carta de vinos, pequeña, pero se entiende pues esta no es la idea.

Ambiente perfecto, algunas mesas, varios sofás. El único inconveniente, aún no abren los domingos aunque, si les va como creo, pronto tendrán que empezar a hacerlo.

En Casa de Oliva

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Hola!! Llevo tiempo ya sin hacer ningún post. Andaba trabajando en una revista que circulará el 11 de junio con EL COLOMBIANO del Mundia de Fútbol. Y a eso sumemos las ediciones de junio de Propiedades y de Paladares. Bien, ahora, saco el tiempo para escribir de una muy buena experiencia que viví hace algunos días.

Empiezo aclarando que a En Casa de Oliva fui invitado, por lo que no puedo hablar objetivamente del servicio. Cuando los dueños te llaman y te dicen que quieres que conozcas, se esmeran porque todo salga a la perfección. Al ir como ciudadano de a pie las cosas cambian, aunque, en la mayoría de los casos la calidad del servicio es la misma. Si hablamos de restaurantes top como este.

Era un día lluvioso, como tantos en esta temporada. Al llegar al local, una casa tradicional antioqueña en la mitad de El Poblado, no pude sino recordad una finca, una casa de pueblo. Rosa y verde por todas partes. Mesas y sillas distantes hacen gala del buen gusto y de la afición de la propietaria por las antigüedades. Dice ella, Norma Mejía, que lleva años coleccionando, siempre pensando en ese pequeño rincón que hoy ya no es un sueño y sí una realidad.

La vajilla, especialmente hecha para el restaurante es encantadora. Piezas que vienen de El Carmen de Viboral con los mismos tonos de la decoración. Ningún detalle fue dejado al azar y si se quiere gozar de un momento bien especial, el restaurante tiene toda la atmósfera. De haber frío, recomiendo llevar un buen abrigo, pues el patio central permite que el aire circule por todo el restaurante.

La carta aún no es la definitiva. Hay cosas que están, otras que estarán y otra que definitivamente se van pues la rotación no ha sido muy alta. ¿Qué es En Casa de Oliva? Cocina colombiana de verdad, con todas las de la ley. Marranitas, aborrajados, frutos amazónicos, ingredientes boyacenses, caldos, sopas, pescados del altiplano y de las costas…

Norma viajó varios años por Colombia recorriendo plazas, hablando y cocinando con cocineras populares. Conociendo ingredientes, familiriazándose con técnicas criollas. Ese conocimiento se ve reflejado hoy en una propuesta sólida, en un concepto que en Medellín poco se conoce y que recupera, más que recetas, ingredientes olvidados en las alacenas de las abuelas.

Me encanta que en la carta la bandeja paisa esté al final y que sean más importantes los frijoles verdes con torticas de chócolo. Lo mejor de mirarla, son las arepas de mote que vienen para distraer el hambre o, más bien, para despertarla.

Como entrada, llegaron a la mesa unas marranitas, bolitas de masa de plátano verde con chicharrones crocantes. También un patacón con queso paipa, uno de los pocos quesos colombianos, sino el único, que tiene un proceso de maduración. Sabores que viajan en tiempo y espacio. A la niñez de algunos, a los viajes de otros. De entradas podría armarse todo un almuerzo y si en la carta se les ocurriera ofrecer chocolate, café y algunas bebidas más, bien podría decirse que se podría ir a tomar el algo o a desayunar. Ideas que disparo con el mejor de los propósitos. En este punto, además, los precios son maravillosos pues hablamos de pequeñas porciones que van entre los 4.000 pesos y los 10.000.

Una vez pasamos a los fuertes llegaron a la mesa un atollado del Valle, de textura perfecta, ni muy seco, ni muy húmedo. Con carnes y embutidos que dan un sabor perfecto y al lado, un par de aborrajados que dejaban con ganas de más. También llegó a la mesa un cojín de cerdo o bien, lo que sería una versión de la lechona. Lo mejor del plato, el cuero tostado del cerdo. Obvio, el sabor del arroz recuerda a la lechona, pero mil veces mejor porque acá todo el adobo es natural por lo que ninguno de los platos cae pesado. Finalmente, una trucha Nobsa, con queso paipa y eneldo… ¡Deliciosa! No soy buen amigo de la trucha, pero debo decir que el sabor de esta era bastante delicado. Textura delicada y super recomendada.

En tiempos, hay que ir y armarse de paciencia pues los platos son preparados a la minuta y la cocina colombiana es demorada. Lo mejor, ir sin afanes y dejarse seducir por el encanto de la comida colombiana, probar nuevos sabores, reconocer algunos conocido y acompañar en su viaje a Norma. Uno que ella ya hizo, pero que invita a repetir con sus preparaciones.

En Casa de Oliva esta en la Cra 43D # 10 - 72. Es en la misma casa de Herbario.

Bonuar

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Hace un año, cuando se anunció la apertura de los parques de Ciudad del Río hice todo lo posible por conocerlos antes que mucha gente. En esa época estábamos haciendo una revista de Colombiamoda y nos inventamos un editorial de moda al que bautizamos picnic urbano. Pude ir al parque, recorrerlo sin gente. Inclusive, me tocó ver cómo pintaban el pie de skate que hay allí. Las fotos fueron hechas por Cámara Lúcida y, finalmente, fueron publicadas en la revista Yok Colombiamoda 2009.

En el plan del picnic he vuelto varias veces a este nuevo espacio de la ciudad. pero también lo he aprovechado de distintas maneras. Allí queda la nueva sede del Museo de Arte Moderno de Medellín y, compartiendo edificio está Bonuar, un nuevo invento de los creadores del Melodie Lounge y de Herbario.

La comida de Bonuar la probé por primera vez en el concierto de Squirrell Nut Zippers en el Jaradín Botánico. No tuev nada qué criticar. Bueno, sí, hubiera querido comer más. Esa vez me comí un arroz con mariscos y una hamburguesa vegetariana (en vez de carne tenía un portobello). Y estaban deliciosos. Sirvió además como estategia porque ese día supe que a Bonuar tendría que volver por más. Leer más …

Tendencias en sabor

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Cada año, institutos del sector de la moda lanzan líneas de inspiración para que las marcas de ropa se apropien de ellas y hagan sus colecciones. Describen personalidad románticas, soñadoras, realistas y más y, a partir de lo que dicen los diseñadores y, más que todo, las marcas masivas se dedican a crear colecciones que se verán meses después en las calles de todo el mundo.

Se trata de un proceso creativo que incluye la asistencia a las pasarelas internacionales y la observación callejera: se cazan tendencias por donde sea.

Y se preguntarán por qué en un blog de cocina me he dedicado a hablar de la moda y de sus procesos sociológicos y antropológicos. Sucede que hace poco, buscando información en la web me encontré con algo bien interesante. Desde hace 10 años la firma McCormick se ha dedicado a hacer un trabajo similar y a principios de año lanza la tendencia en sabores. Pueden ser especias (son su razón de ser), pero igual, a veces, habla de vegetales, frutas secas y más. Además, a cada combinación le saca varias recetas. Leer más …

Premios La Barra

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En un país como Colombia que existan premios que den distinciones a los mejores del mundo de la gastronomóa da cuenta de que algo está pasando (suena ya a frase cliché).

Aunque muchos cocineros estén en contra de las distinciones (ya varios chefs europeos han rechazado las estrellas Michelin), está claro que los premios invitan a que el sector compita, se tecnifique, se esfuerce en el buen servicio, en sabores, en atención… haga todo lo posible no por ganar, sino por ser nominado. Que la gente se fije en lo que uno está haciendo es importante y estar en la lista de nominados implica que ya un grupo de expertos se fijó en el trabajo que se está haciendo.

Pasa con los premios La Barra que la mayoría de propuestas está en Bogotá. Como muchos de los medios, pareciera que solo exisitiera la capital. Pero bueno, ese no es el único análisis. Puede ser también que en “provincia” aún el tema no está tan desarrollado.

De los restuarntes de Medellín, hay 16 nominados y, ojo, siete están en la categoria de mejor restaurante de Antioquia. En otras regiones hay entre 10 y 12 nominados. ¿Qué nos pasa?

La elección de los galardonados es hecha por más de 600 personas que evalúan dos macro categorías: establecimientos y profesionales, y proveedores. Para el primer caso, se eligen a personalidades del sector de la hospitalidad tales como gerentes de empresas de alimentos, formadores académicos, integrantes de agremiaciones gastronómicas o periodistas especializados, entre otros.

Y en Medellín los nominados a mejor restuarante son: El Cielo, Hatoviejo, Herbario, Il Castello, La Provincia, Mondongos y San Carbón. Es decir, los mismos de siempre. ¿Quiénes se están equivocando? ¿Los restaurantes o los 600 evaluadores? Yo creo que los evaluadores. De siete propuestas están dejando muchas afuera: El Ávila, Mystique (que está entre los mejores nuevos restaurantes y chef revelación), Royal Thai, La Cava del Inter, La Fragata, Podestá, Tramezzini, Queareparaenamorarte, En Casa de Oliva, Carmen, Blanco, Bonuar, La Cafetiere de Anita, Casa Molina, El Santísimo, Orzo, In Situ, Mundos, Café Le Gris…. seguro a mi la lista se me queda corta, se me puede olvidar alguno. Pero… los nominados siempre son los mismos. Obvio, reconozco la labor de cada uno de ellos, pero creo que hace falta explorar.

En este enlace pueden encontrar la lista de nominados: http://www.pygcomunicaciones.com/documentos/insertodenominadoslabarra.pdf. Chávere que la consulten y me dejen sus comentarios. ¿Están de acuerdo conmigo?

Sushi Light

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Hay lugares a los que uno va por algo fijo… Si voy a Crepes pido la misma cosa, si voy a Archie’s difícilmente cambio la pizza de brie con manzana, y así la lista puede seguir. El caso de Sushi Light es el mismo. Allá voy si tengo ganas de comer sushi. Lo más difícil de pedir sushi, para mí, es que nunca me acuerdo cuál es el que me gusta. Bueno, esa es la ventaja porque nunca repito pues cada visita es un sabor distinto, una provocación que empieza desde el momento en el que tengo la carta en mi mano.

Pocos restaurantes de Medellín se preocupan tanto por hacer que su carta sea tan llamativa. Lo tienen que hacer porque es de la única forma en la que quienes no se atreven con el sushi sepan a qué atenerse. Además, esta preparación es una de las más fotogénicas. Es en serio, tómenle una foto a un roll y seguro se dan cuenta de que no estoy diciendo mentiras. Los colores, las texturas y las formas se juntan para darle al sushi el título de Miss Fotogénica.

Igual, esa variedad también se evidencia en el sabor. No sabe a pescado crudo, porque el roll tiene cosas que se combinan perfectamente con el pescado y con los mariscos. Igual, a nadie hay que obligarlo a comer sushi.

La cosa es que hace poco en el cumpleaños de una amiga dejé el sushi de lado (aunque me moría de ganas), pasé las páginas en la carta y llegué a los fuertes calientes. Y la oferta es muy interesantes. Platos que tienen como origen las cocinas tailandesas, chinas y japonesas. Y claro, los puristas podrán decir que no es comida tradicional, pero, sinceramente, a mí poco me importa. Si estoy en Medellín no puedo pretender encontrar un curry thai o un pad thai. Pero lo que probé en Sushi Light llenó todas mis expectativas.

Acordarme del nombre del plato se me está haciendo complicado. El asunto es que era un curry de langostinos y leche de coco acompañado de arroz blanco con ajonjolí. ¡Delicioso! Si no se es amigo de lo picante es mejor no pedirlo, aunque el pique es muy poco, hay paladares muy sensibles. La leche de coco le da un toque al curry especial y qué decir del cilantro. También llegó a mi mesa un curry rojo y, repito el adjetivo: delicioso.

Esto fue en el Sushi Light de La Strada. A mí el que más me gusta es el de El Tesoro. Siempre me ha gustado la música, pues da un ambiente muy relajado. Casi nunca me ha ido mal con la atención, pero la última vez, la cuenta se nos demoró un poco. Nos explicaron que era porque habíamos pagado con la tarjeta Intelecto (que los miércoles tiene 2×1) y que tenían que hacer las cuentas. No entendí entonces por qué nos preguntaron desde el principio si alguien tenía Intelecto. Dijimos que sí. Se supone que era para que empezaran con la logística. Al final era una mesa numerosa.

Igual, mi recomendación es llenarse de paciencia en esos días de 2×1 y dejar de lado la carta de sushis. Seguro se encuentran sorpresas que van más allá del arroz frito con verduras y salsa de soya.

Mulata Criolla

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Creo que la última vez que subí a Llanogrande fue hace un año y eso que iba a llevar a un amigo al aeropuerto. Ese día paré en el Mall a comerme un helado de Yogen Fruz pues en esa época aún no habían abierto el de San Lucas Plaza y menos el de Zona 2sur.

Volví en el puente de marzo y encontré sopresas muy agradables. Hay muchos restaurantes nuevos que dan cuenta de un interés por el buen comer en otras zonas de la ciudad (porque Llanogrande es casi un barrio de Medellín).

Buscando nuevas ofertas, encontré que entre el Mall y el Complez hay una serie de lotes que seguro se llenan dentro de poco. El único que tiene una construcción tiene un letrero grande. Decía Mulata Criolla y de primerazo me imaginé lo mejor.

Al entrar me sorprendió la decoración. Minimalista y blanca, fría para el lugar y el clima en el que estábamos. Pero aún guardaba esperanzas. Me encanta que sorprendan con bebidas y, aunque los jugos no eran nada del otro mundo, el hecho de que tuvieran jugo de tamarindo me empezó a mostrar que íbamos por un buen camino.

Pero la cosa desmejoró al ver la carta. ¿Qué se imagina uno cuando un restaurante tiene por nombre las palabras Mulata y Criolla? Que va a haber un despliegue de cocina tradicional colombiana y no. Se me olvidaba decir que abajo del nombre estaba la palabra parrilla. Total, lo único típico en la carta eran tres cazuelas: fríjoles, sancocho y ajiaco y un pescado (róbalo) asado en hoja de bijao. De resto, ni las papas criollas, ni los platanitos, ni el bife, ni el churrasco… Nada que me supiera a Colombia, ni siquiera las sopas (había una de tomate y ginebra y una de champiñones) y el nuestro es un país con una oferta inmensa de sopas.

Igual, la carta se leía interesante. Pero para mí había una promesa desde el nombre que no se estaba cumpliendo. Me preocupa mucho que lo criollo se reduzca a estos tres platos y que no se conozca. Me preocupa que eso sea lo que estemos comiendo y más aún, que eso sea lo que estamos aprendiendo de nuestra cocina. La culinaria colombiana va mucho más allá de un sancocho, un ajiaco o un típico y eso casi nadie lo está sirviendo. Si no formamos a los comensales va a ser muy difícil que se trascienda el asado dominguero (que no está mal, pero hay que ser coherentes con la promesa de venta).

En la carta, eso sí, había una variedad interesante que más se acercaba a la comida fusión. Finalmente me decidí por el róbalo asado en hojas de bijao. En mi mesa también pidieron un solomito en salsa de café y unos medallones de cerdo en salsa de tamarindo. También se pidió una sopa de champiñones que debió haber sido plato fuerte, pero que llegó como entrada.

Los tres fuertes estaban muy buenos. El solomito en su punto y con una suavidad que se deshacía en la boca. El café era lo suficiente como para dar un buen sabor pero para no ser muy invasivo. Y el pescado, estaba delicisioso. Pero, insisto, la carta defraudó.

Para el postre pedimos un merengón de frutos rojos que me dejó sin palabras. Era un helado en una canasta de merengue. La acidez de los frutos rojos contrastaba perfectamente con el dulce del merengue.

En cuando al servicio, aunque es bueno, puede mejorar. Empiezo por la sopa que llegó a destiempo. Luego, a la hora del tinto, pedimos tres aromáticas y un tinto y llegó lo contrario, tres tintos y una aromática. Hay pequeños detalles que se tienen que cuidar.

Precios: no son los más económicos. Los fuertes están por encima de  los 25.000 pesos y llegan hasta los 40.000.

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