Eat Company

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Hace más de un año conocí en la avenida de Las Vegas un pequeño lugar que se llama Eat Burrito. En esa época me encantó encontrar una buena comida mexicana a poco precio. En Eat Burrito se nota que se preocupan por cada detalle y me gusta saber que hasta el guacamole es hecho en el local. He tenido la oportunidad de probar varios de los platos de la carta y todos me han gustado. Sé, también, que no puedo exigir en servicio, es decir, lo que recibo es lo que debo esperar de un local de comidas rápidas. Bueno, la experiencia de Eat Burrito se multiplicó y se fue hacia otras gastronomías.

A finales del año pasado abrió en la Avenida El Poblado un mall en el que Eat Burrito es solo una de las opciones. Eat Company tiene además Il Tomato, Crispy Wings y +Criollo, cada uno con un estilo muy diferente, pero con la misma filosofía: la de ofrecer buenos ingredientes y que sus recetas sean elaboradas por cocineros profesionales. Una vez más, recibo el servicio esperado en un mall de comidas rápidas y, aunque las sillas y las mesas son metálicas, el ambiente se hace agradable para comer en poco tiempo.

Cada local tiene sus especialidades. Il Tomato es comida italiana, Crispy Wings es cocina de Estados Unidos, +Criollo tiene el sabor típico y, por supuesto, está Eat Burrito. He podido comer en cada uno y si me preguntan, estos son mi recomendados: en +Criollo el buffet de cazuelas es delicioso, pero sin lugar a dudas es la sobrebarriga la que se lleva todos mis aplausos: en textura y sabor es ganadora, además, está la opción de acompañarla con hogao y queda exquisita. En Il Tomato mi elegida es la pasta tres quesos en la que se siente un lejano sabor a vino blanco presente en la salsa. Crispy Wings es la otra opción y lo mejor allí es probar las diferentes salsas para las alitas, aunque si me preguntan, de los cuatro es el que menos me llama la atención.

¿Precios? Los platos no pasan de 12.000 pesos, por lo que es una muy opción para comer rico y barato. No esperen mucho en ambiente y en servicio pero, repito, es apenas suficiente para un local de comidas rápidas.

Satay

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Cuando uno entra a un restaurante y encuentra que cada detalle en la decoración tiene una razón de ser, puede intuir que la experiencia será completa.

Satay, una nueva propuesta de cocina del sudeste asiático, da esa impresión desde la misma fachada. Al mirar, se nota un ambiente cálido y agradable que se encuentra adentro. En el primer piso se adivina lo que se encontrará al bajar las escaleras y llegar al primer nivel. La decoración del lugar remite inmediatamente a esos remotos lugares del Oriente que luego se adivinarán en cada uno de los platos que llegan a la mesa. Diferentes ambienten se encuentran en el nivel de servicio. Dos para sentirse cómodo, sentarse en el suelo y, por qué no, quitarse los zapatos. Luego un salón con un bellísimo papel de colgadura inspirado en las culturas asiáticas y, al fondo, está el que se lleva todos los aplausos, un patio con espejos de agua y vegetación abundante que transporta al comensal a cualquier lugar de Tailandia o Vietnam. En cada rincón, un detalle recuerda la inspiración del local. Nada está fuera de lugar y hace juego perfecto: budas, lámparas, cortina, bambulitas… Todo hace juego y crea esa atmósfera necesaria que marida perfectamente con la comida.

La experiencia gastronómica empieza con un pan pita aromatizado con curry. Llega entero a la mesa para empezar a jugar con las costumbres asiáticas. La invitación es partirlo con la mano y compartirlo en la mesa. Acompaña al pan, una deliciosa mantequilla en la que las notas de cardamomo se hacen deliciosas y crean un buen balance con la textura del pan y el lejano sabor a curry que se le siententen se encuentran en el nivel de servicio. Luego, a la mesa llegó un jugo de asaí, una fruta amazónica de un sabor interesante y bastante fresco.

Y luego, empiezan las entradas. Primero, un wanton de tocino ahumado acompañado de una salsa con cranberries y salsa de ostra y con una ensalada de papaya verde y lechuga y unos tomates cherry en reducción de limonaria y jengibre. El plato se siente equilibrado, con un juego de texturas y sabores que juegan en el paladar. El dulce de la salsa sale bien con el tocino ahumado y la papaya aporta frescura. Esta última iría mejor si el plato tuviera un poco de picante.

Después, pedimos una ensalada de tofu. Este producto no tiene muy buena aceptación en los paladares criollos, pero en esta versión los invitaría a darle una oportunidad. La ensalada es pura frescura. Además del tofu, que viene apanado, tiene champiñones frescos, lechugas, lychees, carambolos y tomates cherrys. Es una buena forma de empezar una cena liviana. Lo mejor, es la textura crispy del queso de soya.

La carta, aunque no es muy grande, ofrece carnes, pollos y pescados. De todos ellos me llamaron la atención un pollo con pistacho y el lomo de cerdo con salsa bbq china. Esta vez, en fuertes, reconozco, nos fuimos por lo seguro. A la mesa llegó un plato de arroz birmano y uno de noodles con mariscos. Ambos deliciosos. El arroz viene con maní y mariscos y se hace una fiesta en boca. Los noodles, de trigo, no de arroz, vienen con vegetales y abundantes mariscos: dos langostinos, camarones, calamares, pescado y mejillones. Aunque estuvieron bien, tuvieron un pecado, estaban un poco salados. El chef explicó que es probable que sea la pasta en la que se saltean, sin embargo, sugeriría revisar la cantidad de salsa de soya que se usa en el wok. Los vegetales estuvieron deliciosos, al dente y coloridos, perfectos para balancear la sal de los fideos.

Postre para compatir. Solo hay tres y fue difícil renunciar al chocolate. Uno de ellos promete un crocante de coco y el otro, chocolate blanco. Pero, haciendo el sacrificio, pedimos un cheesecake de agraz y no hubo arrepentimientos. El cheesecake viene acompañado de crema inglesa, cranberries y lychees. Cada uno solo es de por sí una delicia, pero cuando se unen en la boca crean un delicioso contraste que va del dulce y lo cremoso del cheesecake, hasta la frescura de los lychees.

A Satay hay que volver para arriesgarse un poco más y pedir otros platos de la carta.

¿Precios? Calculo de 80.000 a 100.000 pesos por persona si se pide entrada, plato fuerte y vino. Los valores en los fuertes van desde 18.000 pesos hasta 30.000. De las buenas cosas: en la carta ya está incluido IVA.

Satay queda en la carrera 36 con la calle 10B.

Naan, sabores de la India

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No hay nada mejor que entrar a un lugar y saber que desde el olor la experiencia que viene será deliciosa. Uno de los aromas que más me gusta es el del curry. Hace unos meses hice un arroz con curry amarillo y mi cocina quedó impregnada por unos días a ese maravilloso olor. Pues bien, cuando uno entra a un restaurante y encuentra ese aroma, ya supone que todo va a estar bien.

Hace poco probé un nuevo lugar llamado Naan (su nombre viene del famoso pan hindú). Llegó hace poco más de un mes a Provenza, un barrio de El Poblado que en los últimos años se ha abierto a la gastronomía. Que exista hoy un restaurante de comida hindú quiere decir algo, y es que, efectivamente, ese gusto por la buena mesa ha ido calando. Y lo mejor es que el día en que estuve, el local estaba lleno, tanto que tuvimos que esperar unos minutos para poder sentarnos a la mesa. Y valga decir que la espera valió la pena.

Además del olor, que recibe para crear la experiencia, la decoración está hecha con todo el gusto. Por ser de India, uno esperaría encontrar un lugar recargado y, en cambio, el restaurante se presenta sobrio con pequeños detalles en la decoración que hacen toda la diferencia. Gusta, por ejemplo, la matica de ajo en el centro de mesa. Las cartas, además, están hechas con todo el gusto y qué decir de los individuales en los que hay sellos que recuerdan animales de la cultura y la religión hindú.

Al sentarse, lo mejor es empezar con un par de entradas. Me gusta que ofrezcan la posibilidad de que lleguen al centro de la mesa. En primera instancia, pedimos un par de entradas, por demás, deliciosas: bhajis de vegetales y pakoras de camarón.

Las primeras son vegetales como la coliflor, el brócoli, la zanahoria y cebollas fritos en corteza de garbanzo acompañados de una ralta de pepino. El rebosado tiene una textura interesante pues, al ser garbanzo, es un sabor que no todos esperan. Igual, quedan deliciosos pues hay una muy buena crocancia que contrasta con la suavidad de los vegetales que, a pesar de que no pierden su color, sí cambian su textura y se vuelven muy suaves, es decir, se crea un contraste que hace fiesta en la boca. La ralta agrega a los bocados una frescura que no tiene descripción, en definitiva, el sabor es delicioso.

Las pakoras de camarón son pequeñas croquetas con verduras, harina de garbanzo y, en este caso, camarones. Si no gusta de la comida picante es mejor que no las pida, pues, a pesar de que no es muy fuerte, al comer la sensación va aumentando. Estas frituras tienen un delicioso contraste, pues se sienten curry y canela, creando un sabor que pocos se imaginarían. Vienen acompañadas con una ralta de ajo y cilantro que logra balancear el sabor y disminuir el picante.

Como bebida, pedimos lassi, una mezcla de yogurt y frutas que también ayuda a menguar el picante en la lengua. Muy recomendado es el lassi de tamarindo. Reconozco que la primera sensación en boca fue un tanto desagradable, pero al seguir, encontré un sabor delicioso y refrescante que iba muy bien con los platos que estábamos comiendo. Pocas veces escojo una bebida que no sea vino, cerveza o agua para maridar, pero esta vez, valió la pena.

A la hora de los fuertes, pedimos nuevamente opción para compartir en el centro de la mesa. Así, llegaron un estofado de cordero al estilo Rogan Josh y un dal en leche de coco. Como acompañantes, panes: naan, roti y papads y unas lajas de pepino fresco.

El Rogan Josh no es otra cosa que un curry aromático que tiene como base la mantequilla clarificada (ghee). Siempre he tenido prevenciones por el sabor almizclado del cordero pero, en este caso, la carne estaba deliciosa. El sabor igual estaba ahí, pero el curry, en el que había especias como el cardamomo, iba perfectamente con esta proteína que, además, estaba en su punto: tan tierna que se deshacía en la boca. Todo un manjar. El plato, terminado con cilantro y yogurt es delicioso.

El dal en leche de coco es un estofado de lentejas que además del citado líquido tiene tomates. ¡Qué sabor! A mí me encantó probar una combinación que nunca se me había pasado por la cabeza. El sabor de las lentejas va perfecto con el dulzor de la leche de coco y con cilantro sí que queda mucho mejor.

Los panes que vienen como acompañante están muy bien. De los tres, el naan fue el que menos me gustó. El roti, de harina de trigo, y el papads, de lentejas, se llevaron toda mi atención. Saben delicioso y como acompañante para los curry son perfectos.

La noche terminó con un postre que debo reconocer extraño: un halwa de zanahoria… Veredicto: ¡delicioso! La zanahoria tiene una textura de budín y viene acompañada de una crema batida con especias dulces que crean un matrimonio perfecto. El mejor remate.

¿Servicio? Excelente. Algunos contras: el lugar es pequeño por lo que se llena fácil, es seguro que dentro de poco haya que llamar a reservar. También hay que tener en cuenta que la carta es un poco pequeña, pero, ¿para qué la quiere uno grande si todo es delicioso? Igual, mi invitación es que haya cambios constantes. El último contra es el parqueadero pero, igual, nos tenemos que acostumbrar a caminar.

Naan queda en la Carrera 35 #7-75 y el teléfono es 312 62 85. Sus precios están entre los 15.000 y los 30.000 pesos. Una comida para dos, con entradas, plato fuerte y bebidas salió en 85.000 pesos.

Zorba

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Recuerdo que alguna vez me quejé en este blog porque en Medellín no encontraba un café después de las 8:00 p.m. Bueno, aunque la oferta no ha crecido mucho, me alegra saber que hay sitios como Otraparte que se han dedicado a crear espacios en los que es posible tomarse un buen capuccino (o un milo caliente), después de que los llamados café han cerrado.

Hace algunos meses me he convertido en cliente habitual de un lugar que se ha ganado todo mi afecto. Se trata de Zorba, un café que queda junto a la portería del colegio Palermo, con entrada diagonal a Ajiacos Exquisitos y también por el parque de la La Presidenta.

Se trata de un lugar que mezcla un buen servicio con una bonita decoración y un muy buen ambiente. Quienes no han ido, pueden sorprenderse al encontrar varios ambientes en una sola casa. El que más me gusta es el que está junto a la barra pues tiene un ventanal enorme que da contra el parque. Ventanal es mucho decir, pues no hay vidrio por lo que, si está haciendo mucho frío, la recomendación es ir abrigaditos. La música hace de la experiencia un todo: suenan jazz, soul, bossa nova… sonidos del mundo que acompañan una buena conversación.

La carta, es una opción que se acerca a una propuesta muy mediterránea. Los tés y las infusiones están muy presentes y, obviamente, los cafés. Una de las mejores propuestas está en los jugos pues aparecen combinaciones inusuales y deliciosas. Un recomendado, por ejemplo, es el jugo de manzana, canela y yogurt, una mezcla por demás, deliciosa.

Para picar, el houmus acompañado de pan árabe es delicioso y si se quiere algo más sencillo, el pan con un poco de aceite y vinagre de oliva es lo preciso. En los platos fuertes, la variedad no es muy grande y, sin embargo, es más que satisfactoria. Su oferta se centra básicamente en las pizzas. Es un lugar no apto para carnívoros pues sí hay que decir que ninguna de las pizzas tiene carne como ingrediente. A mi, particularmente, me encanta la de tomates secos y champiñones (en la foto). Pero en el listado se pueden encontrar algunas con alcachofas, aceitunas, queso azul, tomate fresco, albahaca… Como les dije anteriormente, una opción muy mediterránea.

¿Cómo es la pizza? La masa logra tener un sabor que no opaca para nada el de los toppings. Hay un balance perfecto de ingredientes y el sabor de la albahaca, presente en muchas de ellas, es delicioso. Pasta ni muy dura, ni muy suave. No tienen grasa en exceso y lo mejor es que no se demora mucho. Hay que decir, eso sí, que en momentos en los que el café se llena el servicio tiende a bajar en calidad, pues hay días en los que son pocas meseras para atender un sitio lleno.

Para los amantes del vino, el lugar es una buena opción, aunque nunca he visto una variedad grande y al pedir por copas no es mucho lo que se puede escoger.

¿Precios? Calculo una comida para dos en unos 40.000 pesos. Depende, eso sí, si se pide entrada. Es una muy buena opción para comer rico y económico.

Zorba está en la calle 8, 42-33 y su teléfono es el 268 8921.

Sarku Japan

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¡Saludos a todos! Empieza un nuevo año y aparezco otra vez. Aunque quisiera escribir con más frecuencia, múltiples ocupaciones no lo permiten. Dentro de mis propósitos de año nuevo está el de escribir en el blog entre una y dos veces al mes. ¡Lo prometo!

Hace algunos meses abrió en Medellín una franquicia traída desde Estados Unidos donde, dicen ellos mismos, son líderes en comida asiática. Se trata de Sarku Japan, una propuesta que llegó a Puerta del Norte, luego a El Tesoro y recientemente a Los Molinos.

El modelo que proponen se ve mucho, precisamente, en Estados Unidos y había llegado a Medellín de la mano de Mr. Wok, otro buen lugar para disfrutar de la comida rápida china, un lugar que, además, considero tiene una oferta de comida saludable. La diferencia con Sarku Japan es que acá hacen la comida al frente del cliente. Es decir, vemos que está fresca y no que lleva quién sabe cuánto tiempo en un buffet recalentándose.

El local de Los Molinos es diferente a los de los demás centros comerciales pues es una suerte de restaurante a manteles. Sin embargoo, no se dejen engañar pues es necesario ir hasta el mostrador para hacer el pedido. La carta, bastante básica, está bien si se tiene en cuenta que es un restaurante de centro comercial.

Aunque los sabores están bien, no deslumbran. Sus propuestas de carne, pollo y camarones son planas y no varían mucho pues las salsas son, básicamente, las mismas. Aún así, insisto en que para ser un restaurante de zona de comidas, está bien. Cada plato viene con la carne a elección, arroz o pasta, y vegetales salteados.

Servicio, no lo tengan en cuenta, pues en este caso es autoservicio. En Los Molinos también hay sushi, comentario que les quedo debiendo pues no lo he probado.

Es un restaurante básico, sin mucho qué decir pero que sí se constituye en una buena opción en una zona de comidas. ¿Precios? Nada muy costoso. Un gran defecto (a mi modo de ver), sólo hay producto Postobón.

El Rincón Mexicano

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Hacía mucho rato me habían hablado de un restaurante mexicano al lado de la Casona en Envigado. Y hacía mucho rato tenía ganas de ir. En un almuerzo con compañeros de trabajo, de esos en los que celebramos cumpleaños se dio la oportunidad perfecta. Y allá llegamos. El asunto del parqueadero es complicado, pues el restaurante tiene pocos lugares disponibles y si uno no encuentra, la vuelta que hay que dar para buscar un lugar donde dejar el carro es un poco larga. Pero eso no es impedimento para disfrutar de una buena cocina.

Al llegar, el local no es la maravilla. Las carpas de plástico aumentan el calor del mediodía. En la noche, seguramente, el ambiente es mucho más fresco. Sillas y mesas cómodas, aunque un poco desactualizadas. La experiencia gastronómica es algo que se da en todos los sentidos y, aunque lo más importante siempre es la comida, un restaurante debe preocuparse por sus platos, el servicio, la decoración, la música y el mobiliario entre otras cosas y, a mi modo de ver, a El Rincón Mexicano le falta un poco de cariño.

Dejando de lado lo meramente estético, hay que decir que el servicio se destaca. Aunque es una carta reducida que se va a lo típicamente mexicano, los sabores están bien. Empezamos el almuerzo con una recarga de nachos que venía con una salsa de tomate, queso, sour cream, guacamole y frijol refrito. En sabores, nada para reprochar. Sin embargo, creería que en este caso, el refrito se pasó en cocción y quedó muy seco.

Para una mesa de cuatro, pedimos dos platos, más que suficientes. Llegaron unas puntas de solomito y unas fajitas de pollo. En ambos casos, la invitación era que uno preparara sus propios tacos (obvio, en el caso de las fajitas). ¡Qué buen ejercicio ese de confeccionar las cosas en la mesa! Teníamos, además, una canasta de tortillas calienticas, con el sabor exacto: el maíz se sentía pero nunca llegó a ser protagonista. El solomito estaba en el punto perfecto, además de que la textura era la indicada para poder comerlo fácilmente en el taco. Este plato vino acompañado por guacamole, refrito y pico de gallo.

Las fajitas, por su parte, las presentan en un molcajete con una deliciosa salsa de tomate, queso blanco fresco, crema agria y trozos de aguacate. Digo que el balance de sabores es rico, sin embargo, al hacer un mejor análisis, considero que puede tornarse un poco plano. Creo que a los platos les falta un poco de carácter mexicano. Los chiles deben pedirse y tienen la virtud de que son traídos de México e, incluso, uno puede llevarlos a casa. Sin embargo, sí me parece que a los platos les queda faltando un poco de personalidad.

En precios, El Rincón Mexicano está bien. Un almuerzo para cuatro, con cerveza incluida sale en unos 25.000 pesos por persona.

Barbacoa

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Hay un sector de Envigado que está floreciendo gastronómicamente. Es tradicional y si alguien quiere comerse una exagerada bandeja paisa debe visitarlo. En esa esquina lleva ya funcionando mucho tiempo El Trifásico, ese popular restaurante que es una oda a la exageración paisa. No hablo mal de él, porque he ido y he disfrutado de sus platos; me encantan, por ejemplo, los fríjoles verdes de los jueves (en pocas partes los hacen como los preparaba mi abuela). Pero igual, considero que las porciones son generosas, por no decir sumamente exagerada eso, precisamente, es una de las cosas que no deja que la comida colombiana sobresalga en el extranjero. Pero no estoy escribiendo este post para hablar de El Trifásico. Ese fue el primer ladrillo en un sector que luego recibió a María Santo (con versiones más coherentes de nuestra cocina, aunque todavía muy tradicional y lleno de clichés), Lucio (una de las mejores parrillas de la ciudad metropolitana, lástima que no respeten reservas), Juana La Cubana y Suma.

Bueno, hace unos dos meses abrió Barbacoa Burger & Grill, un lugar pequeño y acogedor en la que la protagonista de la carta es, obviamente, la hamburguesa. Solo en dos lugares he encontrado una variedad tan rica de este famoso plato, en Fire House y, ahora, en Barbacoa.

El concepto que tiene el restaurante se parece al de cualquier dinnig estadounidense. Y es por eso que me gustó: sofás rojos, piso a cuadros blancos y negros, paredes de madera… Un lugar para sentirse en Estados Unidos. Hace algunos meses, cuando escribí sobre el Hard Rock Café dije que la comida gringa, si está bien hecha, es deliciosa. Y este es el caso de Barbacoa. La música completa el ambiente pues suenan sin parar clásicos del rock… Disfruté, por ejemplo, Thriller de Michael Jackson.

En la carta, las entradas prometen. Para mi mesa pedimos papás con guacamole, queso y chile y un derretido que venía con tomate, queso, chorizo y albahaca acompañado de un delicioso pan artesanal (que me quedó haciendo falta). Desafortunadamente me quedé con ganas de probar unas flores de calabaza rellenas de queso tilsit. El invierno no ha sido muy amable y el frío no dejó que las flores estuvieran aptas para el consumo… Me voy con la promesa de que la próxima vez, la casa me invita.

Al revisar las hamburguesas, encuentro que la carta tiene 11. La Barbacoa es la clásica y, por ello, recomiendo no pedirla. Ante tal variedad de propuestas, no sería lo ideal pedir una hamburguesa solo con tocineta y queso. Yo pedí la Mardi Gras con langostinos, queso gruyere y puerro frito. Es una interesante combinación de sabores pues la jugosidad de la carne contrasta con el crispy de los langostinos apanados y con el crocante de los puerros fritos que, además, son un poco dulces y hacen un juego perfecto con la sal del queso.

Las hamburguesas se pueden pedir en combo con papas y gaseosa. Sin embargo, lo más atractivo es que ofrecen la posibilidad de un cambio de gaseosa por cerveza, y no cualquiera. Cada hamburguesa tiene su maridaje, una cerveza que va bien con cada uno de los ingredientes y que fue pensada para hacer el matrimonio perfecto. Obvio, si uno quiere puede pedir otra cerveza, pero por qué privarse de la combinación que ya han pensado para uno.

También sorprenden los ingredientes de otras propuestas. Por ejemplo, es el primer lugar en el que veo una hamburguesa de atún. Y otra buena cosa: los panes que para nada son de paquete y como en el caso de las cervezas, están pensados específicamente para realzar el sabor de cada una de las propuestas.

En cuanto a precios, la relación costo beneficio está bien. Sin embargo, hay quien podrá considerar que para ser hamburguesas, está caro. El asunto es que la hamburguesa, en combo con cerveza está entre los 25.000 y los 30.000 pesos. Para mí, el local, combinado  con la buena propuesta gastronómica y con la calidad de los ingredientes, lo vale todo.

Barbacoa se mantiene lleno, pero la recomendación es esperar un poco. Dicen los propietarios que la rotación en mesa tiene un promedio de unos 15 minutos, tiempo perfecto para tomarse la primera cerveza de la noche, sentados en una silla debajo de los árboles.

¿Dónde queda Barbacoa?  la dirección es Cra 44 a # 30 sur 23. Barrio Jardines, Envigado. Reservas: 3024895

Declaración de Lima

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Hace unos días de reunió en Lima lo que la prensa especializada bautizó como el G9. Se trata de los chefs Ferrán Adrià, Michel Bras, Gastón Acurio, Massimo Bottura, Dan Barber, Yukio Hattori, Álex Atala y René Redzepi y Heston Blumenthal. En Lima faltó Blumenthal, pero eso no les impidió escribir una declaración que no es más que una invitación a los cocineros del mañana. Acá se las dejo.

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1910 Revolución Mexicana

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Cada lugar, a mi modo de ver, debe estar lleno de mística, de magia, de sabores… Debe ser una experiencia completa que involucre todos los sentidos. Creo que la comida mexicana permite precisamente eso. Cada plato es la posibilidad de encontrar en uno solo sabores insospechados, texturas que hacen fiesta en la boca, olores que engañan y encantan…

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El servicio

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Hace unos días estuve en La Cafetiere de Anita. Celebrábamos el cumpleaños de mi hermana en familia en una noche que resultó perfecta. A nuestra mesa llegaron varios de los platos que hoy no hay mejor forma de describir como estupendos. El entrecot Café de París es, para mí, uno de los mejores platos de la carta. La carne, asado al punto, se degusta deliciosa cuando en boca se mezcla con la salsa que le da nombre al plato. Hacen una unión perfecta, algo paradójico en una salsa que tiene más de 20 ingredientes. En un bocado, aparece la mantequilla, en otro, el eneldo, en otro más el limón. Es, en verdad, una fiesta en la boca en la que cada uno de los componentes del plato lleva su lugar y no opaca a ninguno.

También hubo en la mesa un excelente salmón con una costra de albahaca y salsa de vinagre balsámico. El pescado estaba en su punto, tierno y jugoso y la costra le daba un excelente toque aromático. Pero lo mejor del plato, un rico puré de papas aromatizado con nuez moscada, ese toque coqueto que hace de un plato simple, una delicadeza. Recomendado y se puede hacer en casa, solo hay que tener mucho cuidado para no pasarse pues esta especia puede ser un poco invasiva.

Un solomito en salsa de queso azul, un atún y una clásica sopa de cebolla terminaron de deleitar en la mesa. Y como lo mejor siempre está reservado para el final, ordenamos una selección de postres que nos dejó probar un poco de cada una de las delicias que solo la respotería francesa puede ofrecer. Del plato, siempre destaco la excelente crem brulee y el budín de chocolate.

A la hora de la cuenta, el mesero nos preguntó si deseábamos incluir el servicio. Me gusta que desde hace unos días sea obligatorio hacer la pregunta. Dejar propina no es un mandamiento, pero sí una cortesía. Sin embargo, ante la pregunta, en la mesa discreparon y preguntaron si de verdad debíamos dejar una propina sugerida del 10 por ciento sobre la cuenta.

¿Cuándo dejar propina? En primera instancia, la propina es un un reconocimiento que se otorga por un buen servicio y por el producto consumido. Es decir, se supone que cuando se incluye el servicio en la cuenta, no es algo solo para el personal del comedor, también se reconoce la labor de la cocina. Sin embargo, no siempre se debe dejar propina. En La Cafetiere, el servicio es impecable. Al llegar nuestro pedido a la mesa, nadie preguntó quién había pedido qué, la carne y el atún llegaron en su punto y, además, el entrecot es un plato que no se sirve entero sino por lonchas y nuna hubo necesidad de llamar para que las repusieran en el plato. Eso es servicio.

Son puntos básicos que muchos restaurantes de alta y mediana categoría deberían imitar. Estar pendiente de los vasos de agua, de ofrecer una bebida cuando se acaba, de hacer sugerencias y recomendaciones, de tener respuestas a las preguntas de los comensales. Son cosas básicas, y no necesito un restaurante de tres estrellas para pedirlas. No se justifica que en una mesa, por grande que sea, los meseros no sepan para quién es el pedido y lleguen gritando preguntando por el dueño del plato que tienen en la mano. No hay punto de presentación en que cuando se necesite algo, uno deba alzar la mano y, a veces, dar los insoportables aplausos para que miren la mesa: alguien, siempre, debe estar pendiente de lo que quieren y necesitan los clientes.

Nunca, además, un mesero debe regañar al cliente porque este pregunta por el tiempo de su pedido. Y menos aún si no sabe qué vino pedir. Siempre el personal del comedor debe dar una respuesta. Me ha pasado que pregunto algo y nunca regresan. Seguro, si abro un canal para denunciar un mal servicio, llueven las críticas. Y acá no estamos hablando de comidas.

Cada uno de los ejemplos que pongo acá me ha pasado. Ahora, que los clientes tenemos la posibilidad de negar una propina tenemos la peltoa en nuestro lado de la cancha. No recompensen un mal servicio, de pronto, al pedir que no incluyan el servicio empezamos a generar un cambio.

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