No hay nada mejor que entrar a un lugar y saber que desde el olor la experiencia que viene será deliciosa. Uno de los aromas que más me gusta es el del curry. Hace unos meses hice un arroz con curry amarillo y mi cocina quedó impregnada por unos días a ese maravilloso olor. Pues bien, cuando uno entra a un restaurante y encuentra ese aroma, ya supone que todo va a estar bien.
Hace poco probé un nuevo lugar llamado Naan (su nombre viene del famoso pan hindú). Llegó hace poco más de un mes a Provenza, un barrio de El Poblado que en los últimos años se ha abierto a la gastronomía. Que exista hoy un restaurante de comida hindú quiere decir algo, y es que, efectivamente, ese gusto por la buena mesa ha ido calando. Y lo mejor es que el día en que estuve, el local estaba lleno, tanto que tuvimos que esperar unos minutos para poder sentarnos a la mesa. Y valga decir que la espera valió la pena.
Además del olor, que recibe para crear la experiencia, la decoración está hecha con todo el gusto. Por ser de India, uno esperaría encontrar un lugar recargado y, en cambio, el restaurante se presenta sobrio con pequeños detalles en la decoración que hacen toda la diferencia. Gusta, por ejemplo, la matica de ajo en el centro de mesa. Las cartas, además, están hechas con todo el gusto y qué decir de los individuales en los que hay sellos que recuerdan animales de la cultura y la religión hindú.
Al sentarse, lo mejor es empezar con un par de entradas. Me gusta que ofrezcan la posibilidad de que lleguen al centro de la mesa. En primera instancia, pedimos un par de entradas, por demás, deliciosas: bhajis de vegetales y pakoras de camarón.
Las primeras son vegetales como la coliflor, el brócoli, la zanahoria y cebollas fritos en corteza de garbanzo acompañados de una ralta de pepino. El rebosado tiene una textura interesante pues, al ser garbanzo, es un sabor que no todos esperan. Igual, quedan deliciosos pues hay una muy buena crocancia que contrasta con la suavidad de los vegetales que, a pesar de que no pierden su color, sí cambian su textura y se vuelven muy suaves, es decir, se crea un contraste que hace fiesta en la boca. La ralta agrega a los bocados una frescura que no tiene descripción, en definitiva, el sabor es delicioso.
Las pakoras de camarón son pequeñas croquetas con verduras, harina de garbanzo y, en este caso, camarones. Si no gusta de la comida picante es mejor que no las pida, pues, a pesar de que no es muy fuerte, al comer la sensación va aumentando. Estas frituras tienen un delicioso contraste, pues se sienten curry y canela, creando un sabor que pocos se imaginarían. Vienen acompañadas con una ralta de ajo y cilantro que logra balancear el sabor y disminuir el picante.
Como bebida, pedimos lassi, una mezcla de yogurt y frutas que también ayuda a menguar el picante en la lengua. Muy recomendado es el lassi de tamarindo. Reconozco que la primera sensación en boca fue un tanto desagradable, pero al seguir, encontré un sabor delicioso y refrescante que iba muy bien con los platos que estábamos comiendo. Pocas veces escojo una bebida que no sea vino, cerveza o agua para maridar, pero esta vez, valió la pena.
A la hora de los fuertes, pedimos nuevamente opción para compartir en el centro de la mesa. Así, llegaron un estofado de cordero al estilo Rogan Josh y un dal en leche de coco. Como acompañantes, panes: naan, roti y papads y unas lajas de pepino fresco.
El Rogan Josh no es otra cosa que un curry aromático que tiene como base la mantequilla clarificada (ghee). Siempre he tenido prevenciones por el sabor almizclado del cordero pero, en este caso, la carne estaba deliciosa. El sabor igual estaba ahí, pero el curry, en el que había especias como el cardamomo, iba perfectamente con esta proteína que, además, estaba en su punto: tan tierna que se deshacía en la boca. Todo un manjar. El plato, terminado con cilantro y yogurt es delicioso.
El dal en leche de coco es un estofado de lentejas que además del citado líquido tiene tomates. ¡Qué sabor! A mí me encantó probar una combinación que nunca se me había pasado por la cabeza. El sabor de las lentejas va perfecto con el dulzor de la leche de coco y con cilantro sí que queda mucho mejor.
Los panes que vienen como acompañante están muy bien. De los tres, el naan fue el que menos me gustó. El roti, de harina de trigo, y el papads, de lentejas, se llevaron toda mi atención. Saben delicioso y como acompañante para los curry son perfectos.
La noche terminó con un postre que debo reconocer extraño: un halwa de zanahoria… Veredicto: ¡delicioso! La zanahoria tiene una textura de budín y viene acompañada de una crema batida con especias dulces que crean un matrimonio perfecto. El mejor remate.
¿Servicio? Excelente. Algunos contras: el lugar es pequeño por lo que se llena fácil, es seguro que dentro de poco haya que llamar a reservar. También hay que tener en cuenta que la carta es un poco pequeña, pero, ¿para qué la quiere uno grande si todo es delicioso? Igual, mi invitación es que haya cambios constantes. El último contra es el parqueadero pero, igual, nos tenemos que acostumbrar a caminar.
Naan queda en la Carrera 35 #7-75 y el teléfono es 312 62 85. Sus precios están entre los 15.000 y los 30.000 pesos. Una comida para dos, con entradas, plato fuerte y bebidas salió en 85.000 pesos.